EL RELOJ POÉTICO BARROCO
(Estudio y edición del “reloj” como tema poético en el Barroco)
Pablo Villar Amador
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El reloj poético barroco - CC by-nc-sa 4.0 -
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ÍNDICE:
1. - ESTUDIO CRÍTICO:
L- Introducción 4
IL- El reloj en la Historia (historia de relojes)
a. - El tiempo 6
b. - El reloj de sol 8
c. - El reloj de agua 10
d. - El reloj de arena 1 1
e. - Eos relojes mecánicos (de campana, de cuartos. . .) 12
III. - El reloj en la poesía y pintura barrocas 16
a- Introducción y antecedentes poéticos 16
b. - Ea poesía barroca: tipos de relojes 21
1. - de arena 23
2. - de vela (fuego) 25
3. - mecánico (sortija, bolsillo, torre. . .) 26
c. - El reloj en Góngora y falsas atribuciones 31
d. - El reloj en Quevedo y seguidores 36
e- El reloj en Sor Juana Inés de la Cruz 43
f. - El reloj en otros poetas barrocos 46
g. - El reloj como emblema: metáfora del poder y “a lo divino” 5 1
h. - El reloj y la pintura barroca 60
IV. - El reloj en otras épocas y países 64
2. - EDICIÓN:
V. - Edición de textos poéticos 80
3 - BIBLIOGRAFÍA E ÍNDICES:
VI. - Bibliografía 197
VIL índice de poetas y primeros versos 208
VIII. índice de poetas y tipo de relojes 211
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He abusado del tiempo y ahora el tiempo abusa de mí, Ya no soy para él sino reloj que mida sus horas:
Mis pensamientos son los minutos...
(W. Shakespeare, Ricardo if)
I. Introducción:
Cabe comenzar señalando que toda poesía es una vindicación del hombre contra el tiempo, es la herida abierta que atestigua constantemente la condición humana de ser víctima de ese fluir temporal que nos enmarca y determina.
El tiempo es, en palabras del profesor Emilio Orozco, “el verdadero protagonista del drama del Barroco... Bien sintomático es que sea ésta la época de esplendor del arte de la relojería, cuando en este deseo de medir el paso del tiempo, el hombre crea hasta el reloj de bolsillo. El reloj, será, no sólo elemento frecuente en la composición del pintor y término de comparación en la doctrina del filósofo, sino hasta tema independiente - y repetido - de la poesía”^. Así pues, una antología poética con el tema del paso del tiempo sería tarea “casi imposible, puesto que todo poema, por el hecho de serlo, refleja esa lucha humana de perpetuar el presente ante el olvido temporal.”
(Santos Torroella^). Nosotros hemos intentado centrar el tema en el objeto material que le confiere realidad y presencia “tangible” en nuestro mundo: el reloj. Pero lo primero que nos encontramos es la escasa atención dedicada por nuestros poetas áureos al reloj, como instrumento central de medida del tiempo, derramándose en multitud de referencias secundarias, en imágenes y metáforas aisladas, casi siempre en tono admonitorio frente a la caducidad de la vida, interpretada vital, ascética o estoicamente. Conocidísimas son las contribuciones de Góngora o Quevedo al tema que nos ocupa, pero no menos interesantes son las de G. Bocángel, sor Juana Inés de la Cruz, Polo de Medina, Eópez de Zárate, Juan de Moncayo o E. de la Torre y Sevil.
El ''Fugit irreparabile tempus" virgiliano {Geórgicas, 3, 248) - contiguo al ""Omnia transif - encuentra sentido, en palabras de Amulfo Herrera"^, en “todas las culturas que conciben al tiempo en forma lineal y a cada una de las criaturas como únicas e irrepetibles. En la literatura europea del Renacimiento muy rara vez se halla solo este tópico; por lo general se le encuentra asociado con la resignación estoica y con los bíblicos Memento, homo, quia pulvis es ( et in pulverem reverteris) y Vanitas vanitatum (et omnia vanitas) que le confieren un significado religioso-moral y le
' “/ wasted time, and now doth time waste me;/For now hath time made me his numbering clock.VMy thoughts are minutes; and with sighs they jar/Their watches on unto mine eyes, the outward watch,/ Whereto my finger, like a dial's point,/Is pointing still, in cleansing themfor tears..P (Wells, Stanley (ed.). Richard II. The New Penguin Shakespeare; London: Penguin, 1997).
^ Orozco, Emilio. (1975). Manierismo y Barroco. Madrid, Cátedra, p. 57. Y también del mismo autor, para ver el barroco como la época de esplendor de la relojería, Lección permanente del barroco español. Madrid, Ateneo, 1952.
^ Santos Torroella Rafael, (1953). Los números del tiempo. Antología del reloj y las horas en la poesía castellana...', Madrid, Roberto Carbonell, vol. I de la Biblioteca literaria del relojero, 164 pp.
Cfr. Herrera, Arnulfo. (1996). Tiempo y muerte en la poesía de Luis de Sandoval Zapata; México, Universidad Autónoma, p. 55
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señalan al hombre un quehacer ante la necesariedad de la muerte y el irrevocable dinamismo del tiempo”.
Como dice Panofski^: «Ningún período ha estado tan obsesionado por la amplitud y profundidad, el horror y sublimidad del concepto del tiempo como el Barroco, la época en que el hombre se encontró enfrentado con el infinito como cualidad del universo, en vez de ser una prerrogativa de Dios”. Recordemos que el siglo XVII es la época de esplendor del arte de la relojería, bajo el impulso de la obsesión por el tiempo y el afán de medirlo. «Todo lo acaba el tiempo y enajena», dice Quevedo, y J.A. Maravall*’ recuerda que “el tiempo es como el lugar en que todo se encuentra, en que todo se halla depositado. En él adquieren su forma y presencia las cosas y en él desaparecen al pasar, no quedando más que el tiempo, porque éste es lo que todos, conforme ya hemos visto, vienen a estimar como lo único continuo, permanente: el mudar, el pasar, el cambiar y moverse”. El hombre es una «fluidez continua» inmersa en la fugacidad. Dice un verso, falsamente atribuido a Góngora:
Tú eres, tiempo, el que te quedas /y yo soy el que me voy.
Quevedo señala:
Todo lo fugitivo permanece y dura.
Y Eope concluye:
Mi vida va volando, el tiempo corre.
Como recordatorio de todo esto, era una costumbre agregar inscripciones en las meridianas de los relojes de sol y en las esferas de los relojes mecánicos, y así teníamos: Ruit hora (el tiempo corre precipitadamente); Ultima forsan (la última -hora- quizá); Ultima latet, ultima multis, ultima quando? ( tu última hora no la conoces, la última para muchos, cuándo la última ); Haec f artas se tua (ésta es quizá tu -última- hora); Postuma necat (la última mata), etc. En la poesía - y en la prosa - apareció un subgénero temático al que podemos llamar relox, aviso o despertador que nos recordaban la doctrina religiosa de la mortificación cotidiana, y que llega a enunciados tales como el célebre Relox renacentista de fray Antonio de Guevara o al soneto barroco de fray Miguel de Guevara, (autor al que se le atribuye, entre otros escritores, el célebre soneto ‘Wo me mueve mi Dios para quererte...”), que juega con dos palabras en la rima: tiempo y cuenta^.
^ Panofski, E. (1989). Estudios sobre iconología. Madrid, Alianza Editorial, pp. 1 15-1 16.
® Maravall, J. Antonio (1980). La cultura del Barroco, Editorial Ariel, Barcelona, (2“ ed.), p. 383.
’ Es más bien un ejercicio lingüístico que se inserta en la profundización en el lenguaje y sus significados que tanto se desarrolló en el Barroco.
El tiempo y la cuenta
Pídeme de mí mismo el tiempo cuenta; si a darla voy, la cuenta pide tiempo.
¿cómo dará, sin tiempo, tanta cuenta?
Tomar no quiere el tiempo tiempo en cuenta, porque la cuenta no se hizo en tiempo;
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II. El reloj en la Historia (historia de relojes)
“Cuando en inglés, para decir que son las tres en punto, se dice que son las three o 'dock, lo que se hace es usar una versión abreviada de la expresión ofthe dock, ‘del reloj’, que nació en la Edad Media cuando todavia era necesario explicar a qué forma de medir el tiempo se refería uno. El dominio hoy del reloj nos ha hecho confundir su tiempo con el tiempo mismo”.
(Jo Ellen Barnet^)
Il.a.- El tiempo: El hombre, desde épocas remotas, había advertido la necesidad de medir el tiempo. Para hacerlo se fijó en primer lugar, en el Sol. Donde no había montañas ni colinas pensó en columnas u obeliscos, que los antiguos griegos denominaron gnomon^. En la práctica eran palos cuya sombra, al variar de longitud, intersectaba con signos o curvas marcadas en el suelo. La sombra más corta era la del mediodía y la precisión de la medida dependía de la altura del gnomon: eran los relojes solares, de los que se tiene noticia desde el siglo XIV a. C. El día se dividía en 12 partes iguales, de modo que en verano se tenían horas más largas que en invierno. Por la noche, el tiempo se dividia en “vigilias” o “cuartos de vigilia”, en referencia a las guardias de los soldados. Se podía medir con velas encendidas o con relojes hidráulicos, en los que el líquido pasaba de un recipiente a otro.
David S. Landes señala que uno de los problemas en la investigación sobre el reloj y su estudio en Europa occidental es el hecho de que sólo haya existido una palabra para designarlo: (h)orologium. ''Este término genérico remitía a cualquier tipo de aparato medidor del tiempo, desde el reloj solar a la clepsidra, del reloj de fuego al reloj mecánico. Disponemos, además, desde finales del s. XIII, de una enorme cantidad de referencias a los relojes, pero a primera vista no estamos seguros del tipo de aparato de que hablan nuestras fuentes. Hasta el siglo XIV no disponemos de las primeras menciones inequívocas de relojes mecánicos"^^
que el tiempo recibiera en cuenta tiempo si en la cuenta del tiempo hubiera cuenta.
¿Qué cuenta ha de bastar a tanto tiempo?
¿Qué tiempo ha de bastar a tanta cuenta?
Que quien sin cuenta vive, está sin tiempo.
Estoy sin tener tiempo y sin dar cuenta, sabiendo que he de dar cuenta al tiempo y ha de llegar el tiempo de la cuenta.
Existen una versión de Juan de Caramuel y otra de fray Bartolomé Serrano sobre el mismo tema ( cfr. A. Herrera, Op. cit., p. 69). La cita en latín, traducida aquí al español, pertenece a David S. Landes, Revolution in Time. Clocks and the Making ofthe Modern World. London, 1983, p. 62 (edición española en Barcelona, Crítica, 2007).
* Jo Ellen Barnett. (2000). El péndulo del tiempo. En pos del tiempo: de los relojes de sol a los atómicos: Barcelona, Península, p. 89.
® Cfr. Martín Herrero, Cristina. (2008). “En torno al gnomon, lo gnómico y la gnómica en los textos científicos-ténicos del Renacimiento” , en El diccionario como puente entre las lenguas y culturas del mundo. Actas del II Congreso Internacional de Lexicografía Hispánica, pp. 735-741 ( Recuperado el 23/09/2018 http://www.cervantesvirtual.eom/nd/ark:/5985 l/bmcb28b3 ).
David S. Landes, (1983). Revolución en el tiempo (el reloj y la formación del mundo moderno); Barcelona, Crítica, 2007, p. 61.
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Señala G. Sabat de Rivers (1999) que “la invención del reloj «of mainspring cum fusee», que hizo posible el poder mover un reloj de un lado al otro y que luego se miniaturizó en lo que llamamos hoy reloj de muñeca (o pendiente del cuello) pertenece a principios del siglo XVI y se atribuye a Peter Henlein (alias Hele) de Nuremberg, viejo centro metalúrgico y de relojería, así como de finanzas y comercio. Los italianos le han disputado a Alemania la prioridad del invento”^ ^ Y aunque el reloj mecánico fue, en sus comienzos, un instrumento impreciso y poco fiable que necesitó casi cuatro siglos para llegar a ser instrumento de precisión, se fue convirtiendo en un símbolo de ostentación, control y poder en Europa occidental.
El siglo XVII es el siglo de la revolución científica en Europa, y se produce la introducción de imágenes mecánicas y técnicas en la poesía española de este siglo, como nos dice Daniel E. Heiple*^. Varios poetas hicieron uso de esta imaginería mecánica del reloj, aunque no fue generalizado su uso. Eandes (1983) dice, extrañado a causa de la sospecha y rechazo de los poetas ante toda innovación tecnológica, que «even the poets liked the new docks» (p. 81); menciona a Dante en Paradiso, a lean de Meung en Le román de la rose y a lean Eroissart en L'horloge amoureuse (1369). Eos relojes mecánicos de este tipo eran muy escasos y caros, dice Eandes que eran como los computers de hoy: «the technological sensation of their time», (p. 57).
Sor Juana Inés de la Cruz escribe sobre la rareza -a la que iba aparejada el costo- que significaba regalar un «reloj de muestra» a «persona de autoridad, y su estimación»*% según aparece en el epígrafe de las cuatro décimas que comienzan:
Los buenos días me allano/ a que os dé un reloj, señor / porque fue lo que mi amor / acaso halló más a mano.
Y por último, señala Herrero de Miñón^^ que “el reloj personal es, a la vez, un instrumento que permite medir el tiempo propio e incluso el ajeno de quien no tiene reloj y, por ello, un instrumento de control y poder que, en ocasiones aún bastante tardías, se prohíbe a las clases bajas. El reloj en la casa es herramienta de disciplina doméstica y en la vida conventual de disciplina ascética”.
Es muy amplia la tipología de los relojes y sus características. Veamos ahora algunos de los tipos de relojes más frecuentes de la época.
" Sabat de Rivers, G. (1999). Imaginería mecánica en el "Sueño" de Sor Juana Inés de la Cruz, en La creatividad femenina en el mundo del barroco hispánico: María de Zayas, Isabel Rebeca Correa, Sor Juana Inés de la Cruz. Edits. Monika Bosse, Barbara Potthast y André Stoll: Kassel, Edit. Reichenberger, vol. 2, p. 619.
Heiple, Daniel L. (1983). Mechanical imagery in Spanish Golden Age poetry; Madrid, Porrúa, Studia Humanitatis. En el cap. 9, “The mechanical dock”, trata de las poesías del reloj, donde estudiando las imágenes llega a la conclusión de que paralelamente a la poesía inglesa del XVII existe en España una escuela menor de poetas metafísicos (p. 179).
Herrero de Miñón, Miguel (2008). “La ciudad sin horas (Contribución a la fenomenología de la deshumanización) Madrid, Real Academia Ciencias Morales y Políticas, 28 de octubre de 2008, p. 1 1.
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Il.b.- Reloj de sol
Reloj de sol de Baelo Claudia (Cádiz), siglo I d.C.
El primer utensilio, que se ereó para eontrolar el tiempo, fue el reloj de sol, ya que el sol, es quien de forma más seneilla y básiea nos proporeiona una pereepeión del paso del tiempo. La iluminación del sol, es casi siempre en primer término la que rige nuestra vida y, por tanto, el reloj solar es el reloj más natural, ya que registra el movimiento del primer péndulo de la naturaleza. En resumen, se trata de una esquematización de un árbol que, al proyectar sombra, sigue las huellas del paso de los días.
El Gnomon es el reloj solar más antiguo, si no consideramos nuestro propio cuerpo y la sombra producida por este como un reloj solar. A partir del siglo XIV a.C. los egipcios utilizaron los obeliscos de los templos como Nomos. El Gnomon, consiste en una barra colocada en vertical en el suelo o en cualquier superficie plana. La sombra de la barra tiene dos características, que van cambiando a medida que avanza el día: la longitud y la posición.
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Los babilonios y los egipcios construyeron obeliscos cuyas sombras en movimiento forman una especie de reloj de sol, que permitía a los ciudadanos dividir el día en dos partes, indicando el mediodía. El reloj de sol más antiguo conocido fue encontrado en Egipto y data de la época de Tutmosis III, unos 1.500 años antes de Cristo. Había dos bloques de piedra, una que servía de aguja y la otra donde se marcaban marcaban las horas.
Según Ernst Jünger^^, el reloj de sol, “tal como evolucionó a partir del sencillo gnomon, es un invento oriental y podemos incluirlo en las artes que desde entonces se llamaron caldeas, porque según cuenta Herodoto, lo difundió en Grecia alrededor del año 575 a. C., un caldeo de nombre Berosus”.
Hay que esperar a que el propio feudalismo ayude a la difusión de los relojes de sol en el continente europeo. Eue la orden religiosa benedictina [529 dC] y su empeño en cumplir con el calendario dictado por su fundador, lo que anima a estos monjes a estudiar la construcción de relojes de sol. Desde su origen, la Iglesia Católica quiso santificar ciertas horas del día con una oración común. Ea gnomónica de estos siglos llevó a la construcción de relojes de grupo o relojes de horas canónicas y en ellos se indicaba la hora de la oración. Estos relojes estaban situados generalmente en las fachadas meridionales de las iglesias y los monasterios. Eos primeros relojes de sol tallados en las fachadas de piedra de las catedrales comienzan a aparecer a principios del siglo VIII. En el año 1000 se construyeron relojes de sol horizontales que utilizaban huecos abiertos en las bóvedas de las catedrales.
Pedro Mexía, en su Silva de varia lección^^, habla sobre los relojes de sol y su forma de conocer el mediodía: "''Todos los modos que avernos dado fueran escusados para saber el mediodía al que tuviera relox destos comunes del Sol o agujas de marear, si las agujas o lengüetas de los relojes de Sol mirassen perfectamente el norte; porque no oviera más que notar y señalar una línea recta donde ella señalara, y aquélla fuera merediano. Pero es assi que el aguja no mira el norte perfectamente sino a otro punto no sabido, y en unas partes varía más que en otras salvo en un merediano sólo, donde mira al norte cierta y perfectamente. Y por esto, en otros lugares esmenester usar de otros remedios, como tenemos demostrado. Pero el que no fuere tan escrupuloso y quisiere passar con el merediano que el aguja señala, ponga su aguja o relogico y déxelo rerposar a qualquiera hora que sea; y, en derecho de do señala la lengüeta, haga una raya perfectamente derecha y será la de mediodía, passando, como digo, con el error de aguja” (p. 139).
Jünger, Ernst. (1985). El libro del reloj de arena-, Barcelona, Argos Vergara, p. 20. Véase la página web https://relojesdesol.info/
Mexía, Pedro. (1990). Silva de varia lección-, Edición de Antonio Castro. Madrid, Cátedra, vol. II, p. 138 y ss.
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II.c.- Reloj de agua
Clepsidra egipcia
Las clepsidras o relojes de agua surgieron en Egipto, en época de Amenophis I (1500 a.C.). El reloj de agua más antiguo es egipcio y se encuentra en el museo de El Cairo. El agua que sale del recipiente por un pequeño agujero en la base, necesita un cierto tiempo para vaciarse y rellenar otro. Es uno de los elementos que mejor refleja el constante fluir del tiempo. Del latín "clepsydra" y del griego "klepsydra" (hydra=agua; klepto=robo) alude al agua (aunque el término también abarca a los relojes de arena) y al concepto que, el segmento inferior, le "roba" al superior.
Eas clepsidras pasaron de Egipto a Europa a través de Grecia y Roma. De hecho, como indica Eavorinus, las clepsidras eran utilizadas usualmente en el senado romano “para prevenir las charlas, que como el rayo deben ser breves en sus discursos”.
También hubo innumerables avances, transmitiéndose a través de Bizancio y la época islámica, con el tiempo haciendo su camino de regreso a Europa. Independientemente, los chinos desarrollaron sus propios relojes de agua avanzados en el año 725 dC, pasando por sus ideas a Corea y Japón.
El secreto para el buen funcionamiento de las clepsidras es que el agua circule con la máxima uniformidad. Si las paredes del recipiente fueran verticales, el agua saldría más deprisa cuando el recipiente estuviera lleno que cuando estuviera casi vacío. Para impedir esto los egipcios construyeron las clepsidras con las paredes inclinadas con un ángulo de 70°. Así el agua sale a la misma velocidad durante todo el rato que tarda en vaciarse la clepsidra. Chinos e hindúes utilizaban del mismo modo el principio del flujo del agua. Eos relojes de agua fueron también muy utilizados en Grecia a partir del siglo IV, servían para medir las guardias de la noche, la duración de los discursos en las asambleas públicas, etc.
Otro tipo de clepsidra, que permite un mayor fraccionamiento del tiempo, es aquel en el que un corcho va subiendo a medida que se llena el recipiente en el que flota. El corcho ayudado por un contrapeso y una cuerda mueve una aguja que indica las horas sobre una esfera. Ea mayoría de las clepsidras eran utilizadas en monasterios y castillos. Pero su utilización estaba limitada a lugares cálidos, ya que el agua congelada no marcaba el tiempo. Por otra parte estos aparejos no eran demasiado precisos.
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Il.d.- Reloj de arena
Es interesante eonstatar que los relojes de arena, que en arte simbolizan el transeurso del tiempo, apareeen bastante tarde. La preeisión de los relojes de arena depende de la calidad del vidrio, ya que este instrumento está compuesto por dos ampolletas de vidrio cónicas, superpuestas. La arena contenida en la ampolleta superior pasa lentamente a la inferior con líneas diversas. Sus dimensiones así como la amplitud del orificio central determinan la duración del paso de la arena.
La arena, no era arena corriente. Era polvo de mármol calcinado varias veces, tamizado y secado en cáscaras de huevo, hechas de polvo de zinc; o también arena negra, cocida en vino y secada al sol.
Los relojes de arena, en cambio, tal como hoy los entendemos, aparecieron cuando el hombre consiguió fabricar dos botellas perfectamente idénticas entre ellas, llegando incluso a refinadas ejecuciones en las que había otras ampollas que indicaban el transcurso de las horas, de los cuartos, las medias y los tres cuartos de hora. En el caso de la arena, que escurre hacia abajo, representa la atracción que ejerce la naturaleza o el mundo material; y también indica la oportunidad de invertir las relaciones entre el plano inferior y superior, volviendo al origen, repitiendo el tiempo y renaciendo. Ambas secciones representan la secuencia de la vida y la muerte, el cielo y la tierra.
La preocupación del hombre por medir su tiempo, data de épocas inmemoriales, tal es el caso del reloj de arena. Aunque se cree que su uso es muy antiguo, no hay evidencias precisas sobre su origen, aunque pudo haber sido introducido en Europa por un monje del siglo octavo llamado Liutprando, de la catedral de Chartres. No fue sino hasta el siglo XIV cuando el reloj de arena se veía con frecuencia; la evidencia más antigua es una representación de 1338 del fresco Alegoría del Buen Gobierno por Ambrogio Lorenzetti. A diferencia de su predecesor, la clepsidra o reloj de agua, se cree que el reloj de arena se originó en la Europa medieval.'^ Esta teoría se basa en el hecho de que los primeros registros escritos eran en su mayoría de los cuadernos de bitácora de los barcos europeos.
Existieron en distintas épocas de todos los tamaños y modelos e incluso se construyeron algunos tan grandes que eran capaces de medir un día entero. Algunos afirman que los romanos los usaban durante la noche, o que también los pudo haber inventado un monje francés para medir los tiempos de meditación.
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Los relojes de arena eran muy populares en los buques, fueron la medición más fiable de tiempo en el mar. A diferencia de la clepsidra, el movimiento de la nave durante la navegación no afectó al reloj de arena. El hecho de que el reloj de arena utiliza materiales granulares en lugar de líquidos dio mediciones más precisas, ya que la clepsidra era propensa a presentar condensación en su interior durante los cambios de temperatura. Los marinos encontraron que el reloj de arena fue capaz de ayudarles a determinar la longitud^^, la distancia al este o al oeste a partir de cierto punto, con una precisión razonable. Pedro Mexía, en su Silva de varia lección, describe la forma de conocer la hora en el mar: “7 es ésta: que tengan y procuren ampolletas de arena o de agua, que sean de hora entera (y mejor será de medias y, aun, quarto de hora); y con éstas, tengan cuenta y vigilancia desde el día antes, quando el Sol se puso, hasta que aquel día que han de obrar salió'' (II, p. 140).
El reloj de arena posee valor simbólico porque es el instrumento que más visiblemente representa el fluir constante del tiempo. Un reloj de arena con el bulbo superior casi lleno de arena representa el inicio de la vida; con la arena a poco menos de la mitad de arena en el bulbo inferior la edad adulta y con poca arena el bulbo superior la proximidad de la muerte. Era común encontrarlo estampado en las banderas de los piratas bajo la calavera como símbolo de la existencia fugaz del hombre. En literatura se utiliza como representación del paso del tiempo y su consecuencia: la muerte, símbolo a su vez de la fugacidad del tiempo y de la vida. Algunas representaciones simbólicas de la muerte presentan el clásico esqueleto cubierto con su túnica negra que en una de sus manos lleva un reloj de arena. En el plano literario, hay varias muestras del uso del reloj de arena como relicario para contener las cenizas de la amante (es lo que plantean Quevedo, Juan de Moncayo, Luis de Ulloa, E. López de Zárate, etc.).
Il.e.- Relojes mecánicos
La transición de los relojes solares a los mecánicos tuvo lugar hacia el año 1000 (cuando en China se construyó el reloj astronómico de Su-Sung, que algunos consideraron más bien una clepsidra) o en el siglo XIII (con la adopción del escape). En el siglo XIII, Alfonso X el Sabio compuso los Libros del Saber de Astronomía, y concretamente en la sección dedicada a los Libros de los relogios, menciona diferentes tipos de ellos: de sol, de arena, de fuego, de mercurio, de piedra, etc. Concretamente este último, a semejanza del reloj mecánico, usa la fuerza gravitatoria de unas pesas para poner en movimiento el mecanismo. Pero toda esta taxonomía descriptiva de los tipos de relojes resultaba ser más empírica que pragmática, ya que los relojes alfonsíes eran más apropiados para su estudio en laboratorio astronómico que para uso común.
Señala David S. Landes que no se sabe con certeza si primero fueron los relojes mecánicos de interior (tipo despertador) o los de torre, aunque “la primera alusión literaria a un reloj mecánico se refiere a relojes domésticos. Se remonta a finales del siglo XIII, y se encuentra en los versos añadidos por Jean de Meung a El libro de la rosa. Jean, poeta novelesco, nos sorprende por el interés que demuestra por las cosas de este mundo; atribuye a su Pigmalión una buena serie de relojes domésticos:
Cfr. Sobel, Dava. (2006). Longitud; Barcelona, Anagrama.
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Et puisfairer sonner ses orloges Par ser salles et par ses loges,
A roes trop subtillement De pardurable mouvementJ^
Reloj de torre
En los albores del siglo XIV aparecieron los primeros grandes relojes mecánicos de torre*^, e incluso fueron inmortalizados en la Divina Comedia de Dante {''Fiorenza, dentro della cerca antica/ Ond’ ella toglie ancora e terza e nona, /si estaba in pace, sobria e púdica’"). En el canto XXIV del Paraíso (escrito entre 1316 y 1321) dice:
E come cerchi in termpra d’oriuoli Si giran si che il primo, a chi pon mente.
Quieto pare, a V ultimo che voli...
(Al mirar de un reloj el entresijo, juzga los engranajes el vidente, raudo el postrero y el primero fijo).
El rey catalán Pedro el Ceremonioso hizo construir en 1356 un gran reloj de campanario para su castillo de Perpiñán. Poco después, junto a los relojes de los
Otro poeta e historiador medieval francés, Jean Froissart, en 1369, cantaba al “reloj de los enamorados”: “Pues el reloj es, bien mirado/ un instrumento muy bello y notable;/y también es agradable y provechoso;/pues noche y día nos dice las horas, /por la sutileza con que actúa /incluso en ausencia del sol./ Así que hay que apreciar más su mecanismo,/ lo que los otros instrumentos no hacen/ aunque estén hechos con arte y compás./ Y se tiene por valiente y por sabio /al que primero descubrió su uso, / que por su cuenta cojnenzó e hizo / cosa tan notable y de tan gran provecho ” ( cfr. David S. Landes, p. 101).
Cfr. Francisco M. de Meló, poeta barroco portugués, Relógios /alantes ("Relojes que hablan") donde el autor discute sobre los relojes de iglesia (de la Iglesia de las Llagas o das Chagas y de la villa de Belas, que representan a la ciudad y al campo) destacando que en cualquier lugar donde vivan hombres (sean campesinos o ciudadanos) existe hipocresía y frivolidad.
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campanarios aparecieron los de las torres de los edificios públicos y en este punto empezó a cobrar gran importancia la hora exacta (en Lausana, el tribunal eclesiástico impone, en 1453, que las audiencias comiencen “a las 10 en punto”). La Europa del siglo XIV estaba aún cerrada al arte y hubo que esperar a los dos siglos siguientes para ver crecer la demanda de relojes y, sobre todo, la reducción de sus dimensiones gracias a la invención del muelle, que sustituyó a las pesas que proporcionaban la energía a los relojes de torre. Nacieron así los relojes de sobremesa o de repisa, con diferentes estéticas, pero todos ellos con la nueva mecánica, cuya energía se activa tensando el muelle con una llave.
En cuanto a los relojes de campana, “los monasterios fueron sin duda los primeros lugares donde se utilizaron las máquinas del tiempo y desde luego en forma de reloj de balanza, que no tardó en enriquecerse con una sencilla campana y que sacó de los cuartos de guardia a “vigilgallo” y sacristanes para hacerles subir hasta las torres de monasterios, iglesias, castillos y ayuntamientos “, escribe E. Junger^^. Ya en 1120 figuraba entre las reglas de la orden cisterciense que los sacristanes cuidasen de que el reloj tocara y despertara antes de la primera misa. Como hemos dicho, por aquel entonces los relojes tenían que determinar las horas de la oración, como indica el nombre francés horloge, compuesto de las palabras “hora” y “lego”. Las horas marcaban, pues, el tiempo de los rezos. También la palabra alemana Uhr tiene sus raíces en “hora”, pero no fue de uso común hasta la época del gótico tardío. La denominación antigua era Seiger.
Con la difusión del monacato, y sobre todo, a partir de la regla de san Benito (salmo 19: siete veces te alabo en el día por tus justos juicios''), en los monasterios del siglo VI se introdujo la división en las siete horas de oración diurna: laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas y una nocturna: vigilias, más tarde maitines. Como señala José 1. Ortega, “durante la alta Edad Media había en las ciudades más importantes un verdadero reloj humano: el vigía o campanero encargado de los toques horarios. Era quien tocaba a rebato si había peligro inmediato, como en caso de incendio o de proximidad de un enemigo. Los toques coincidían con las horas canónicas que regían un tiempo esencialmente rural: tres campanadas al salir el sol (hora prima); dos campanadas a media mañana (hora tercia); una campanada, llamada «el toque», al mediodía (hora sexta); dos campanadas a media tarde (hora nona); tres campanadas a la puesta del sol (vísperas); cuatro campanadas cuando había oscurecido del todo (completas)”^®.
Explica David S. Laudes que estos relojes de campana “estaban provistos de un mecanismo de tipo escape, destinado a producir un movimiento de vaivén del martillo o de los martillos que golpeaban la campana; y que muchas veces este mecanismo era accionado por pesos. Ese mecanismo fue sin duda el precursor del escape de reloj” (p. 80)21.
E. Junger. (1985). Op. Cit., p. 72.
Ortega Cervigón, José I. (1999). “La medida del tiempo en la Edad Media. El ejemplo de las crónicas cristianas”, en Medievalismo, pp. 9-39. ( Recuperado el 9/10/18 de https://www2.uned.es/temple/Tiempoem.pdf )
Laudes describe detalladamente este dispositivo: “el tren de ruedas acaba en una rueda de escape. . . cuya rotación es bloqueada y liberada alternativamente por las paletas de un árbol (varilla) que tiene un movimiento de vaivén. En la versión para sonería, se coloca un martillo en el extremo del árbol, y al
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Uno de los relojes de campana más bellos lo podemos encontrar en la Torre del Orologio de la Plaza de San Marcos de Venecia. El edificio fue diseñado por Mauro Codussi y construido entre 1496 y 1499. Tiene cinco huecos, del que el central es el más grande. Cada hora su campana la tocan dos grandes estatuas de bronce denominadas “los moros”: una de ellas es un joven y otra un hombre barbudo, obra de Paolo Savin fundida en 1497. Es uno de los signos arquitectónicos más famosos de Venecia, y posee un gran reloj astronómico que señala las horas, los días y el curso de planetas y estrellas y, en lo alto, los moros que dan las horas, golpeando una campana.
Torre del Orologio de la Plaza de San Marcos de Venecia
Por Último, recordaremos que el desarrollo de las ciencias a partir del siglo XVII y los grandes descubrimientos físicos, llevaron a revolucionar la forma de pensar. El Sol dejó de ser el centro del Universo y el Papa Gregorio XIII reformó el calendario: para la relojería se abría un nuevo mundo. . .
Para finalizar este apartado, mencionaremos otros tipos de relojes como son: el de vela o velón, cuya primera mención proviene de un poema chino, escrito en 520 por Usted Jianfu. Según el poema, la vela se graduaba y era un medio para determinar el tiempo en la noche. El reloj de vela más comúnmente mencionado se atribuye al rey Alfredo el Grande y se componía de seis velas; el reloj de aceite de lámparas que consistían en un depósito de vidrio graduado para contener aceite - por lo general aceite de ballena, que se quemaba de manera uniforme -y suministraba el combustible para una lámpara incorporada; el de incienso, con unos bastones aromáticos de distintas fragancias, que al consumirse iba quemando cordeles de los que colgaban esferas de bronce de diferente tamaño que al caer sobre un plato metálico marcaba con su gong el inicio de una nueva etapa, etc.
oscilar el pomo golpea repetidamente la campana. En la versión para marcar el tiempo, cruza el árbol formando una T una varilla que también se mueve simultáneamente en vaivén...” (citamos por la edición española, 2007, p. 80)
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Reloj de velón (fuego)
III. El reloj en la poesía y pintura barrocas
Ill.a.- Introducción y antecedentes poéticos al Barroco
El reloj, ''material macchinetta misuratrice del tempo", en segunda definición de E. Tesauro^^, va unido a otros diversos temas r/wg/í irreparabile tempus, el de la vita brevis o la muerte. En el Siglo de Oro al tiempo (Cronos o Saturno) se le suele representar con 3 atributos: un reloj de arena, una hoz y grandes alas (cfr. Panofsky, 1989, pp. 99 y ss.), y así el reloj es no sólo el instrumento para la medida concreta y puntual del tiempo, sino también medida de la vida del hombre. Señalaba el poeta Pedro Salinas que “bien mirado el tiempo es, a su vez, dimensión de su vida; pero mal mirado, esto es, por el revés, resulta ser la dimensión de su muerte”^^.
Recuerda Georgina S. de Rivers (1999) que David S. Laudes se preguntaba para qué necesitábamos los relojes ya que nuestra vida está, de modo natural y biológico, “regulada por el ritmo de las 24 horas del día: el despertar, el deseo de comer a precisas horas, el trabajo y el descanso con la llegada de la noche, nociones todas implícitas en el Sueño. El reloj es un invento de la temprana Edad Media cuando fue preciso disciplinar, regulándola, la vida monacal: Omnia horis competentibus («todo debe hacerse en el momento preciso») y, como consecuencia, se organizó mejor el trabajo del burgo, y el tiempo -como se dice hoy- pasó a significar dinero; pero en la Edad Media toda esa regulación se hacía para mejor honrar a Dios: el hombre no temía a la muerte porque ella lo llevaría al Paraíso. Durante el Renacimiento, el ser humano, sin dejar de creer en Dios, se descubrió a sí mismo, y con el reloj, podía contar las horas para gloriarse al máximo del disfrute de todo el bienestar y hermosura que le rodeaba. El ser inteligente y
Tesauro, E. II cannochiale aristotélico', Venezia, Baglioni, 1669, p. 36. Este autor tuvo un lugar relevante en el panorama del Barroco europeo por la eficacia con la que su Tratado II cannocchiale Aristotélico evidencia las transformaciones de la mentalidad del siglo XVIL
Cfr. Salinas, Pedro. (1981). Jorge Manrique o Tradición y originalidad', Barcelona, Seix Barral, p .130.
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angustiado del Barroco, en cambio, aunque sigue siendo creyente, veía el reloj como un instrumento no sólo capaz de regular su vida, sino como un medio de contar los minutos ante la constante inseguridad e inminencia de la muerte, la que no ve ya como promesa deleitable. No podía detener el paso del tiempo, pero la posibilidad de contar las horas le daba cierta ilusión de poder y de dominio sobre su vida y el fluido tiempo que estaba viviendo. No nos extrañe, pues, la fascinación que la barroca Sor Juana muestra por este invento” (p. 619).
Desde la época del emperador Carlos V (1520 - 1568), los relojes se convirtieron en piezas básicas del mobiliario del hogar. Escribe Miguel Herrero^^ que “la aparición profusa de relojes sobre mesas y chimeneas marca un cambio en la vida, un concepto desconocido del valor del tiempo, un ritmo metódico del trabajo, un ajuste nuevo de la actividad a la ley de la razón. Por otra parte, la reforma de las costumbres monacales y la proliferación de conventos creó la necesidad de estos artefactos caseros que miden el tiempo hora a hora y minuto a minuto, metiendo en pretina la vida y pautando paso a paso las actividades humanas. La bohemia pseudorreligiosa de peregrinos, ermitaños y frailes desmandados, propia de las postrimerías medievales, se transformó en metódica distribución del día y de la noche. Fray Antonio de Jesús, amigo de Santa Teresa, llevó cinco relojes a la casilla de Duruelo para dar comienzo a la Reforma carmelitana. Escribe la Santa: ‘'Sólo de relojes iba bien proveído, que llevaba cinco, que me cayó en harta gracia. Díjome que para tener las horas concertadas, que no quería ir desapercibido. Creo aun no tenía en qué dormir “ {Libro de las fundaciones, cap. XIV)”.
A diferencia de la Edad Media, en la que el reloj aludía a la templanza, señala Gómez Ruiz (2015), que “para los intelectuales barrocos, el reloj alude al tiempo que huye o a la vida que se escapa, por este motivo su presencia es frecuente en pinturas de vanitas, asociado a otros objetos como el espejo y/o la calavera. El reloj se conceptualiza como una sucesión de instantes que, a medida que pasa el tiempo van marcando los puntos hacia la muerte. Aunque cualquier tipo de reloj es válido a la hora de acompañar a la vanidad, el más frecuente es el reloj de arena, atributo del paso del tiempo, de las horas, del día, de la ocasión, de la juventud o vejez, del tiempo que se escapa, y de la muerte que se aproxima con el fin de recordarnos las postrimerías. Asimismo es atributo de la muerte, de la melancolía, de la templanza, del diablo y de la verdad. A veces aparece en manos de un personaje a quien se antropomorfice la misma noción, y así recordamos al esqueleto del monumento fúnebre de Alejandro VII, que le muestra el reloj de arena para recordarle que el tiempo transcurre de una forma rápida y constante, estando el fin cerca, y que nada se puede hacer para remediarlo. Otras veces el reloj lleva alas, reforzando la idea de fugacidad del tiempo” El barroco es la época pues, en la que el reloj es reflejo perfecto de la “Vanitas”.
Herrero, Miguel. (1955). El reloj en la vida española.', Madrid, Roberto Carbonell, p. 28.
González Ruiz, Davinia (2015). Iconografía de la muerte en el arte moderno occidental, p. 34. Recuperado el 20/4/2018 de
https://riull.ull.es/xmlui/bitstream/handle/915/1381/Iconografia%20de%201a%20muerte%20en%20el%20
arte%20moderno%20occidental.pdf?sequence=l
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Que los diferentes tipos de relojes estaban muy extendidos en esta época nos da noticia José de la Vega, en Confusión de confusiones^^ (1688) quien señala que “La Academia de los Concordes, para enseñar que cada uno aspiraba llegar al mismo puerto por distinto rumbo, tomó como símbolo tres relojes, uno de sol, otro de rueda, otro de arena, poniéndoles por nombre Tendimus una, porque si el del sol apunta, el de ruedas da, y el de arena corre, todos marcan la hora, ya sea con el hilo, con el golpe o con la sombra. La ambición de nuestros relojes es a los cuartos, a las manos, a los puntos, y a que vayan dando horas las acciones. Cómo se consiga esto, sea que se apunte, o se corra, o se de, viene a ser uno para el intento, y todo es lo mismo para la finalidad.”
A continuación señalaremos algunos antecedentes medievales y renacentistas sobre el tema del reloj, como son los de Juan de Mena, Pedro del Pozo, Gutierre de Cetina o Juan de Mal Lara. Los dos primeros aluden al reloj en forma de adivinanza y dicen así:
Juan de Mena (1411 - 1456f^
Xoler
¿ Qué es el cuerpo sin sentido, que concierta nuestras vidas sin vivir?
Muévese sin ser movido, hace cosas muy sentidas sin sentir.
Este nunca está dormido, mas siempre mide medidas sin medir.
Tiene el seso tan perdido que él miso se da heridas sin herir
Se trata del primer poema en nuestra literatura que tiene como tema central la maquinaria del reloj, aunque se trata de un simple juego de ingenio. La clave nos la da el titulo, “Xoler”, es decir, “relox” al revés. Sebastián de Horozco^*, padre de Sebastián de Covarrubias y de Juan de Horozco, cultivó el género de “preguntas” en su
Versión en español moderno, introducción y notas Ricardo A. Fornero, Mendoza, Argentina, 2013. El Tendimus una se basa en lo que menciona Emanuele Tesauro (1592-1675) en el libro II cannochiale aristotélico (El catalejo aristotélico). Allí se refiere a una Accademia de'Concordi, cuyo emblema son tres relojes (polvere, solé, mota: de arena, de sol y de rueda). Posiblemente era una academia humanística con ese nombre que existió en la ciudad de Bologna, de la que existen muy pocas referencias. No es la Accademia dei Concordi que funciona en Rovigo (en la región italiana de Véneto) desde 1580. La denominación “Academia de los concordes” es por la armonía y la uniformidad de pareceres y sentimientos que se procuraba entre los socios”, pag. 447. ( Recuperado el 22/04/2018 de http://cashflow88.com/decisiones/de_la_Vega_Confusion_de_confusiones_Parte_3.pdf
Cancionero castellano del siglo XV', edic. de R. Eoulché Delbosc; Madrid, NBAE, 1912.
Cancionero Sebastián de Horozco. edición de J. J. Labrador Herraiz, Ralph A. DiEranco, Ramón Morillo- Velarde Pérez. Toledo, Consejería de Educación, Ciencia y Cultura de Castilla La Mancha, 2010. ( Recuperado el 22/4/2018 de
https://archive.org/stream/cancionerodesebaOOhoro/cancionerodesebaOOhoro_djvu.txt
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Cancionero. En este género se trata de contestar en versos ingeniosos preguntas hechas de igual modo, imitando unas a otras, como se puede apreciar comparando el enigma de Juan de Mena con la respuesta de Horozco: “La grande contrariedad/ que de la copla proviene,/ toda junta/ parece gran novedad/ aquesta que en si contiene/ la pregunta./ E aunque parece escabrosa,/ si su propiedad notamos/ se declara,/ ser el reloj esta cosa/ por donde nos gobernamos/ a la clara. ”. Juan de Mena, señala el profesor Víctor Pérez, “nos muestra un reloj personificado, como un ser inanimado, con vida artificial, un cuerpo sin sentido que no se cansa, que él mismo se da heridas, refiriéndose al golpe necesario para hacer tañer la campana”^^
Pedro del Pozo (siglo XVI)^°, tiene otro enigma:
Cosicosas
¿ Quién es aquél ,
bien armado, y regido de razón,
que con fuerte hierro armado
tiene continuo cuidado de nuestra consolación?
Sigue muy alto lugar y en faltándole el pesar luego muere.
Este poeta, como muchos de su época, escribió enigmas, adivinanzas, preguntas y respuestas que constituían un auténtico juego de sociedad versificado, que exigía rapidez y talento en la respuesta y versificación. Su Cancionero, fue compuesto hacia 1550.
De Gutierre de Cetina (aunque en algunos lugares aparece atribuida a Erancisco de Eigueroa, pero en autoría dudosa^^ ), es el siguiente soneto que, como en Ovidio, nos ofrece el parlamento quejoso de un enamorado ante la llegada del alba y la consiguiente separación de los amantes:
Horas alegres que pasáis volando porque a vueltas del bien mayor mal sienta; sabrosa noche que en tan dulce afrenta el triste despedir me vas mostrando;
importuno reloj que, apresurando tu curso, mi dolor me representa; estrellas con quien nunca tuve cuenta, que mi partida vais acelerando;
gallo que mi pesar has denunciado, lucero que mi luz va oscureciendo.
Pérez Álvarez, Víctor. (2009). “El reloj y el tiempo en la Castilla bajomedieval a través de la literatura”, en Castilla y el mundo feudal. Homenaje al profesor Julio Valdeón. Valladolid, Universidad, III, p. 494.
Cancionero manuscrito de Pedro del Pozo, publicado por A. Rodríguez Moñino; Madrid, 1950, p. 226. Cfr. Poesía de F. de Figueroa; edic. de Mercedes López Suárez; Madrid, Cátedra, 1989, p. 497.
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tú, mal sosegada y moza Aurora,
si en voz cabe dolor de mi cuidado, id poco a poco el paso deteniendo, si no puede ser más, siquiera una hora.
HW DECLARACION
3r VSO DEL HELO* ESPAÑOL ENa' |
iretextdo en las aimasdcla muy antigua, y efdarefcjdacara de Rolas, con cl mermo Re lox agora micuamcn» tccompucí^ por Hueo HeJe
También Juan de Mal Lara escribió un soneto “sobre la nueva invención del relox español, hecha por Hugo Frisio^^”, por haber entretejido en un reloj las armas de la casa de Rojas (en Declaración y uso del relox español, del citado Hugo Frisio; Salamanca, 1549):
Febo la clara España contemplando, para mejor en ella declararse, quiso por un artífice reglarse, el cómo y cuándo da su luz notando.
En las armas de Rojas relox dando hizo los signos, meses divulgarse, el calendario, santos celebrarse, las horas, día y noche señalando.
Letra dominical, fiestas movibles, elevación del sol sobre horizonte, los puntos, que d 'eclípticas aparte.
Francisci Sanctii Brocensis, Opera omnia una cum eiusdem. . Genevae, Fratres de Toumes, tomus Tertius, MDCCLXVI ( Recuperado el 29/06/2018 de
https://books.google.es/books?id=IRLw73oO6kAC&pg=PA420&lpg=PA420&dq=%22Febo+la+clara++
Espa%C3%Bla+contemplando,+para+mejor+en+ella%22+juan+de+mal+laraí&source=blí&ots=u0qdjsaa
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e)
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Altor de las estrellas más visibles, largura d’una torre, pozo y monte, es Hugo Frisio quien escribe est 'arte.
Ill.b. - La poesía barroca: tipos de relojes
El reloj fue una verdadera obsesión en el siglo XVII, no sólo como tema poético sino como objeto en el plano vital, fue algo así como el emblema de la época. Señala Isabel Pérez Cuenca que “El reloj en sus distintas variedades (de arena, de sol...) llamará la atención de un gran número de poetas, que lo convierten en motivo poético de sus composiciones. ¿Qué mejor objeto para reflejar el imparable y angustioso correr del tiempo? El tiempo, el “verdadero protagonista del drama barroco” (E. Orozco), se presenta enlazando la sucesión y la medida del tiempo, el sentimiento de la muerte, el sentimiento del amor (carpe diem...), etc. El reloj es un índice inequívoco del cambio de época, del comienzo de la edad moderna.
En el barroco, la obsesión por el tiempo que se va, es realmente algo vital. Eos historiadores del arte han estudiado que en el siglo XVII, y relacionado con el tema del retrato, aparece un objeto que se convierte en cotidiano: el reloj, que adquiere un rango casi de fetiche, y es el que más significados puede tener en los libros de emblemática. Sebastián de Covarrubias decía que el reloj se identifica con el hombre de palabra que nunca muere. Cristóbal Pérez de Herrera definía al reloj como el símbolo del morir a cada instante. El reloj recibe en el XVII la vieja tradición renacentista del dios Saturno, dios del tiempo que lleva la guadaña y porta un reloj de arena. En la enciclopedia emblemática de Picinelli se recoge el simbolismo del reloj, como un objeto móvil y de vidrio. El vidrio significaría la fragilidad y lo inestable, lo caduco y frágil de la hermosura. El objeto móvil es la arena y los minutos: la vida huye lo mismo que anda el reloj o cae la arena de un recipiente a otro. Para Bancos Candamo con el reloj se hace el tiempo “viviente y visible”, de ahí que el hombre barroco tuviese esa obsesión por el tiempo y ese afán por medirlo. El reloj, su símbolo, es el modo de someter el tiempo al dominio del hombre. El hombre, llevado por la necesidad de controlar y medir el tiempo inventa el reloj de bolsillo y otros artilugios para medir el tiempo.
Miguel Herrero García (1955), quien mejor ha estudiado el tema, presenta algunas anécdotas como la de Eelipe II que usaba un diminuto reloj de anillo, que cada hora que pasaba le pinchaba el dedo con una diminuta aguja: “El rey nuestro señor tiene un reloj en un anillo que señala las horas por de dentro, picando levemente en el dedo; pues, ¿cuándo hubo tal invención en los pasados tiempos?”^"^. También cuenta la
Pérez Cuenca, Isabel (edil.). (1997). Antología de la poesía del siglo XVII', Madrid, Clásicos Castellanos, Biblioteca Hermes, p. 38.
Cuenta el escritor Luis Zapata “Y el Rey nuestro señor tiene un reloj en un anillo que señala las horas por de dentro picando levemente en el dedo: ¿pues cuándo hubo tal invención en los pasados?” (Cfr. Luis Zapata. Miscelánea: varia historia, edición preparada, anotada y nuevamente transcrita por Manuel Terrón Albarrán. Badajoz: Institución Pedro de Valencia, C.S.I.C., 1983. Y también véase la tesis doctoral de José Gallardo Moya. (2015). La Varia Historia de Luis Zapata de Chaves. Estudio y edición crítica... ( Recuperado el 12/9/2018 de https://core.ac.uk/download/pdf/71049940.pdf )
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moda de combinar un reloj colgante con figuras de calavera, u otras figuras emblemáticas y aparecen artilugios muy sofisticados: el reloj que daba los cuartos, otros que llevan acompañamiento musical y da las horas nocturnas, etc.
Señala Herrero García que “La lírica del barroco (siglo XVII) usó mucho de la metáfora del reloj, tomando pretexto de su función principal, medir el tiempo, o de su género, forma, clase u ornamentación, y hasta llegando a imaginar relojes que nunca tuvieron realidad, pero que servían al poeta de soporte a la expresión de su sentimiento” (p. 69). Resumimos a este crítico, que establece los siguientes pasos:
1) Primero el hombre buscó el cómputo de las horas, en el campo de la naturaleza. Así Itala y Castelví, escribe dos sonetos a unas flores que servían de reloj a los indígenas, pues giraban con el transcurso de las horas. (Sigue del Sol los abrasados pasos y el que comienza: Ronda los pasos de la Luna hermosa)
2) Reloj de arena: la primera muestra quizá sea la de Quevedo “A/ polvo de un amante que, en un reloj de vidrio, servía de arena a Filis, que le abrasó", donde el reloj es ese objeto que apela continuamente a la conciencia de mortalidad del hombre, además de medir el tiempo; también las 4 de Francisco de la Torre y Sebil “A un reloj de vidrio, cuyas arenas eran las cenizas de una belleza difunta", pero quizá los mejores fueran los 2 sonetos de López de Zárate, “A/ que traía un reloj, con las cenizas de su dama por arenas", y otro de idéntico motivo.
3) Los relojes de agua (clepsidras) tenían una inevitable analogía con las lágrimas y así el artilugio hidráulico sugería con poco esfuerzo imaginativo el llanto del poeta. Hacia 1680, Juan Bautista de Aguilar compuso dos décimas a un reloj de agua con esfera (''Del libro de tus auroras “).
4) Luego tenemos la variante del reloj con luz de candil para ver la hora durante la noche, que refleja Quevedo en su soneto ''Fragilidad de la vida representada en el mísero donaire y moralidad de un candil y reloj juntamente". También tenemos los ejemplos del soneto de Gabriel Bocángel “A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma” y especialmente también del mismo autor el que se titula “A un reloj que juntamente era candil y alumbraba con su luz el índice que señalaba los números, moralizando lo caduco de la llama y lo veloz de las horas " (erróneamente atribuido a Bartolomé L. de Argensola ).
5) Un ejemplo de reloj de bolsillo con brújula sirvió a Lope de Vega para que en una escena del libro tercero de la novela pastoril La Arcadia, se propusiera a las pastoras que diesen algunas prendas a sus amantes, para que éstos las celebrasen de improviso con algunos versos. Una de las pastoras, Isabella, dio a Menalca “un reloj con su brújula” y éste recita cien versos sobre el reloj y sus amores. La primera décima dice asi: "A quien las noches y días...". Reseña Herrero García que el pasaje de Lope “nos pone en la pista de la existencia real de relojes con brújula, que no aparecen documentados en ningún otro texto del siglo XVI. En cambio, ya vimos inventariado en 1576 un reloj de astrolabio, que perteneció a don Diego Hurtado de Mendoza. En la complicación de semejante artefacto y su
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lioso funcionamiento se apoyó Tirso de Molina para deeir: "'Obra es digna de Merlin, /porque en estos astrolabios / aun no hallarán los más sabios /ningún principio ni fin. También simbolizó Tirso los eelos absurdos y atormentadores en el reloj deseompuesto que eada hora da sus eampanadas: Celos, reloj de cuidados,/ que a todas las horas dáis / tormentos, con que matáis / aunque vais desconcertados” (1955, p. 78).
6) Señala Herrero García que “si nos atenemos al testimonio de Lope de Vega, el meeanismo del reloj portátil o de bolsillo era ni más ni menos que una redueeión del meeanismo de los relojes de torre, bien que éstos neeesitaban mayores ateneiones a eausa de su gran tamaño. He aquí las palabras del poeta:
Las repúblicas entiendo que son como los relojes; que el mismo gobierno corre de las mismas ruedas hecho, para el que se trae al pecho que para el que está en la torre.
Sólo está la diferencia En que cuesta más cuidado El grande que el limitado.
Más gobierno y más prudencia “ (1955, pp. 54-55).
En resumen, tenemos diferentes tipos de relojes, eon una amplia variedad dentro de eada uno de ellos: de arena (p. 91-163); de sol (p. 18); de agua (o elepsidra) (p. 25); de flauta (p. 28); de fuego (p. 33); de aeeite; meeánieo o de volante: de peeho, de sortija, de pendientes o “pelendengues”, de eampana, de euarto, de euerda o aguja; por las estrellas; de eampanilla (Quevedo); por el eanto de las aves, ete.
La mayor variedad se eneuentra en las déeimas falsamente atribuidas a Góngora, que fueron recogidas por Artigas en “Medida del tiempo por diferentes relojes”, y que trataremos más adelante. Veamos algunas tipologías de éstos.
Ill.b.l.- de arena
El tema de los relojes de arena eon las eenizas del amante muerto es relativamente freeuente en nuestro barroeo. Además de Quevedo, López de Zárate y Eraneiseo de la Torre trabajan este asunto que no era una inveneión poétiea, sino que también se daba en la realidad^^.
El profesor Mareos Ruiz Sánehez apunta que “al reloj como símbolo asociado metonímicamente al tiempo y a la vida humana, tema propio de las
Desde una perspectiva diferente se ha referido Carlos Thiebaut (1993) a ese mismo tópico en su artículo “Cervantes o la melancolía (sobre algunas ideas de Walter Benjamín)”, en C. Kerík, edít. En torno a Walter Benjamin-, México, UAM, pp. 227-258.
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composiciones poéticas referentes a objetos simbólicos como los relojes, los espejos, etc., se añade aquí el motivo amoroso. El reloj se convierte ahora en tumba del enamorado. El polvo que mide el tiempo es tradicionalmente símbolo de la vanidad de la vida. Su ligereza expresa la liviandad de las pretensiones humanas. Su rápido discurrir de una semiesfera a otra expresa la angustia del tiempo. El polvo, ejemplo por excelencia de lo incontable, sirve para medir y contar la vida del hombre. Contar es, por otra parte, símbolo de vivir en la poesía latina desde Horacio. Al mismo tiempo, el polvo del reloj corresponde al polvo en el que el cuerpo humano está destinado a convertirse después de la muerte.
El profesor Marcos Ruiz Sánchez apunta que “al reloj como símbolo asociado metonímicamente al tiempo y a la vida humana, tema propio de las composiciones poéticas referentes a objetos simbólicos como los relojes, los espejos, etc., se añade aquí el motivo amoroso. El reloj se convierte ahora en tumba del enamorado. El polvo que mide el tiempo es tradicionalmente símbolo de la vanidad de la vida. Su ligereza expresa la liviandad de las pretensiones humanas. Su rápido discurrir de una semiesfera a otra expresa la angustia del tiempo. El polvo, ejemplo por excelencia de lo incontable, sirve para medir y contar la vida del hombre. Contar es, por otra parte, símbolo de vivir en la poesía latina desde Horacio. Al mismo tiempo, el polvo del reloj corresponde al polvo en el que el cuerpo humano está destinado a convertirse después de la muerte.
Alegoría del Buen Gobierno, detalle de Lorenzetti.
Ea conexión entre el polvo del reloj y la temática amorosa resulta natural dentro de la dinámica de los motivos de la poesía grecolatina. Un motivo habitual dentro de la temática de los efectos y síntomas del amor, tradicional desde Safo y Catulo, es el fuego del enamorado, que arde ante la visión de la amada, con lo que corre el peligro de convertirse en cenizas. Dichas cenizas, fruto del fuego amoroso, quedan equiparadas a las de la muerte, tras la incineración del cadáver, o al polvo de la sepultura. Amalteo imagina el destino último de las cenizas del enamorado y de este modo inaugura un nuevo motivo de la literatura amorosa”^^
Ruiz Sánchez, M. (1998). “Los epigramas de G. Amalteo sobre el reloj y las cenizas del enamorado y sus imitaciones en la poesía latina en Myrtia, n° 13, pp. 187-221.
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Escribe Ruiz Sánchez, en un artículo posterior^^, publicado en esta misma revista, que ha examinado los dos famosos epigramas de Girolamo Amalteo dedicados al tema del reloj y las cenizas del enamorado, así eomo sus imitaeiones en la poesía neolatina. “Las eenizas del amante, encerradas en el reloj de arena, substituyen al polvo con que se mide el tiempo. Tales poemas ejemplifican un cruce de modelos intertextuales, característico de la poesía manierista. El modelo de los epigramas emblemáticos sobre objetos simbólicos se combina en este easo con el de la poesía fúnebre y eon motivos propios de la poesía amorosa. Estas páginas, que eonstituyen un complemento a nuestro estudio anterior, analizan el tratamiento del tema del tiempo, especialmente en relación con el simbolismo del reloj, en dos obras neolatinas del siglo XVII, las Musae iuveniles del papa Alejandro VII (Labio Chigi, 1599 - 1667), publieadas con el pseudónimo de Philomathus, y los epigramas de Giambattista Bargiocchi (1589 -1664)”.
Freitas Carvalho (1982), hablando de Quevedo, señala que “O relógio de arela, como gráficamente se conhecia a ampulheta, é, talvez mais do que o relógio de corda e tal vez mesmo que o de sol, o símbolo exacto da curta dura9ao do próprio tempo e, logo da bravidade da vida, e isto, tal vez, porque a pequeña quantidade de arela que se ve cair torna percerptivel essa realidade” (p. 44).
En nuestra antología, aparte de los citados, tenemos otros casos como:
Erancisco de Borja (Príneipe de Esquilache); Eugenio Coloma ( “Con qué veloz desengaño ”); tres poemas de Jaime J, Falcó; de Juan de Moncayo {“Cenizas de un amante desdichado ”); Bemardino de Rebolledo ( “Este polvo que agitan mar y viento’’’’)', una traducción de Garda Salcedo Coronel, ( “Este polvo, que en vidro transparente”), etc.
III.b.2.- de vela (fuego)
Sin duda alguna para la mentalidad barroea uno de los más inquietantes objetos que midieron el tiempo fue la vela (velón). Es decir, la vela compacta que aparte de iluminar, con su desgaste medía el tiempo simulando un reloj de fuego. Después fue sustituido en el ofieio de contar las horas y dar luz por el eandil de aceite, más barato que la cera y euya protección lo dejaba menos sujeto a los vaivenes del viento que influía en el consumo de la misma. Era una metáfora de la vida humana que se quemaba tan rápidamente como la vela con su llama y que estaba siempre al borde del fin. Así eontextualizaron la vida humana sonetos del barroeo eomo el de Erancisco de la Torre Sevil, que se sitúa ante una vela ardiendo:
’Vela que en golfos de esplendor navegas Por candores lucidos extendida.
Hasta desvanecer, desvanecida,
Y ciega por lucir, hasta que ciegas'.
Ruiz Sánchez, M. (1999). “El reloj y la angustia del tiempo en dos escritores neolatinos del siglo XVII”, Myrtia, 14, pp. 187-200).
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En nuestra antología tenemos muestras de Gabriel Bocángel, ( “Esta biforme imagen de la vida”), tres sonetos de Luis de Sandoval Zapata (“Invisibles cadáveres de viento”, “Demóstenes de luz que mudo clama ”, e “Inmóvil cuando alado vuela”, en el que los dos tercetos dicen asi: ''Alumbra en esa mano, mariposa,/ las horas de tus números inciertas,/ cambia la luz en pálidas cenizas. / Juzgo es la vida llama numerosa;/ te empiezas a abrasar cuando despiertas,/ te acabas de abrasar cuando agonizas. ”), etc.
III.b.3.- Reloj mecánico (de sortija, de pendientes o perendengues, de bolsillo, de torre,,.)
La invención del reloj mecánico de bolsillo, portátil, fue un hecho revolucionario y las consecuencias sociales y culturales de la miniaturización fueron muy profundas. Las personas (nobles y burgueses) que antes dependían de los vigilantes nocturnos, de las campanas, etc. ahora disponían de la hora en su domicilio o incluso la llevaban encima. A las agujas de los minutos les siguieron las de los segundos a partir de 1690. La mayoría de los relojes domésticos que invaden España en el segundo tercio del XVI eran ya de maquinaria (o de “movimiento”, según la terminología de la época), aunque sin desaparecer totalmente los anteriores de arena.
Luis Zapata de Chaves señala: ''Los relojes, invención es antigua, mas de agora con tantos primores y galas, que el mismo reloj que es de las horas y de cuartos de ellas es de días y de meses y de años, y señala en su proporción la luna media y creciente y menguante^^ ; y señalar las horas carneros a topadas o con martillos caballeros
Señala José Gallardo (2015), en su tesis doctoral sobre Luis Zapata, que “parece tener en mente Zapata al mítico ingeniero italiano Gianello Torriani, al servicio de Carlos V y de Felipe II, que fue un experto relojero de gran renombre en Europa. Además, se encargó del mantenimiento de la reducida, pero soberbia colección de relojes y planetarios del Emperador, que Zapata bien pudo admirar durante su etapa al servicio de Isabel de Portugal y del príncipe Eelipe. El fue quien, inspirado por la superación del astrarium de Giovanni de Dondi, considerado la obra maestra de la tecnología medieval, diseñó durante dos décadas y construyó en tres años y medio para Carlos V un complejo astrario de 1500 piezas, cuyo mecanismo era capaz de marcar las horas y los minutos, describir las revoluciones de los planetas con todas sus diferencias, las horas de sol, las horas de luna y la aparición de los signos zodiacales. Juanelo Turriano, como fue conocido en España, hizo una réplica de esta máquina con todas las paredes de cristal.
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armados, y pedir primero con música y punto de órgano atención, como un retórico para que le oigan, que quiere dar^^ [fol. 316v]; y que tengan los relojes despertador obidiente para que tire de la oreja al que duerme para la hora en que el mismo le tiene señalada. Y el Rey, nuestro señor, tiene un reloj en un anillo que señala las horas por de dentro picando levemente en el dedo"^^. Pues ¿ cuándo hubo tal invención en las pasadas?” (cfr. https://core.ac.uk/download/pdf/71049940.pdf)
Las mujeres de finales del renacimiento y barrocas llevaban el reloj en el pecho, pendientes de una cadenilla o cordón, o sujeto al jubón. A mitad del XVII se usaban colgados del cinturón, y además solían llevar varios a la vez ( así lo hacía la viuda de Felipe IV). Los relojes de sortija se usaron hasta finales del siglo XVII. El Ministro de doña Mariana de Austria, don Femando Valenzuela, poseia estas dos piezas: “Una sortija de oro esmaltada de negro, que sirve de sello, y dentro de ella un reloj de sol; vale 4 ducados de plata”, “Una sortija de oro, grande, lisa, con un reloj con el movimiento de bronce dentro de ella; vale 20 ducados de plata”. El conde de Benavente poseia, en 1574, “una sortija de oro con reloj de sol” . A estos relojes de sortija se les dio el nombre de “relojes de mano”... El auge de los relojes de adorno personal llegó a tal punto, que hasta se construyeron, a mediados del siglo XVII, pendientes o perendengues en forma de relojes de sol”. Asi tenemos el ejemplo del soneto de Antonio de Solis “A Eesbia, en ocasión que se puso unos pelendengues de diamantes en forma de relojes de sol” {'"Este Relox solar, que en tu arrancada
de forma que su funcionamiento fuera completamente visible, conocida como — el Cristalino, reloj al que, seguramente, alude Zapata como referente, como después haría Covarrubias en la entrada — relox de su Tesoro de la lengua castellana o española, ed. cit., fol. 7r [nótese que en esta edición, la princeps, la foliación se reinicia en la letra R].” ( Cfr. también http://uvadoc.uva.es/handle/10324/19639 , p. 16 ).
Continúa José Gallardo: “Constata aquí Zapata la aparición de los primeros o de los antecesores directos de los grandes relojes barrocos, mecanismos montados, especialmente, en los campanarios de las iglesias o de grandes edificios civiles que, además de dar la hora, debían ser llamativos y divertidos, con organillos, carillones, sonerías y autómatas de forma humana o animal. Durante su viaje por el norte de Europa junto al futuro Felipe II bien pudo admirar algunos magníficos ejemplares de este tipo, por ejemplo, en Bruselas, Colonia o Maguncia”.
Y añade J. Gallardo: “La relojería conoció un notable impulso tecnológico y artístico durante el XVI gracias a nuevos conocimientos científicos y a determinadas innovaciones técnicas a menudo relacionados con el desarrollo de la física, la cartografía y la astronomía náutica; así, por ejemplo, en la prestigiosa Universidad de Lo vaina (Flandes), ligada por entonces estrechamente a España, donde fueron elaborados algunos de los instrumentos científicos más precisos y hermosos del momento, como astrolabios, sextantes... Estos avances, junto con el elevado sentido estético y artístico del Renacimiento, permitieron la creación de relojes de capricho con mecanismos cada vez más complejos y espectaculares, tal como constata el propio Zapata, expuestos en las torres de los campanarios o en salas privadas.
Algunos de estos, como, posiblemente, el anillo-reloj despertador de Felipe II citado, fueron adquiridos precisamente en los Países Bajos o presentados como regalo al rey. Así, Juan Páez de Castro, capellán real, planificó la creación de un museo real dividido en tres salas, la segunda de las cuales, dedicada a la Astrononomía, debía acoger una parte de los relojes de Felipe II junto a otros instrumentos valorados por su calidad científico-artística, proyecto (nunca ejecutado) que elevó al monarca en su Memorial a Felipe II sobre ordenamiento de una librería real: — En la segunda de las salas se pondrá lo siguiente: [...] Muchos instrumentos bien labrados y muy ciertos de Astrología, y otros de Matemáticas. Relojes de gran invención y sutileza, así en las manos como en el uso y provecho! (apud Isabel Morán Suárez. (1993). “El coleccionismo astronómico de Felipe 11”, en Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla (coords.).
La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1/4-IX-1993, Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, I, p. 505).
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Lope de Vega señala que el mecanismo del reloj de bolsillo era el mismo que el del reloj de torre"^', aunque reducido de tamaño:
Las repúblicas entiendo que son como relojes; que el mismo gobierno corre de las mismas ruedas hecho, para el que se trae al pecho que para el que está en la torre. Sólo está la diferencia en que cuesta más cuidado el grande que el limitado, más gobierno y más prudencia^^.
Con el correr de los tiempos, el reloj portátil o de bolsillo se fue con virtiendo en una obra de orfebrería, y sobre todo al comenzarse la importación de relojes de Francia, a mediados del XVII. Todo ello fue posible gracias no sólo a los maestros relojeros sino a un sinfín de matemáticos, astrónomos, mecánicos, orfebres, esmaltadores, grabadores, etc., que dieron rienda suelta a la creatividad diseñando relojes en forma de saboneta, lepine, esfera, cruz, estrella, flor, calavera y muchos otros. Insiste Miguel Herrero (1955) que la invasión de relojes franceses de bolsillo “impuso su propia terminología (montre), muestra en español, relegando la palabra reloj para los de mesa, escritorio, chimenea, etcétera.” (p. 55) y además “conociendo como conocemos el valor simbólico que en aquella época de los Austrias y primeros Bordones tuvieron las piedras preciosas, ya por su color, su dureza o sus fabulosas propiedades, es bastante posible que existiese un lenguaje de las piedras, como el lenguaje de las flores, de que se valieron los enamorados. Una poesía de Francisco Benegasi nos sugiere, indudablemente, que este lenguaje se usó alguna vez. La poesía se titulaba Seguidillas, enviando, en el día de San Nicolás, el regalo que llamaban del zapato, (que se compuso de un reloj de diamantes, una frasquera de plata pequeñita, y un castillo de lo mismo, una caja de tabaco y una bandeja de filigrana)
En ocasiones, la sátira social tomaba al reloj como protagonista para atacar de inciviles a los vecinos de cualquier localidad y el caso de mayor resonancia es el del Pueblo de la relaja, que se menciona en el Quijote,- escribe Miguel Herrero - donde muchos cervantistas erraron antes de hallar la verdadera explicación de las palabras de Cervantes. Con mucha suficiencia escribía don Fermín Caballero: “ El origen del apelativo pueblo de la relaja no es otro que ser aquellos pueblos (Benavente, Astorga,
Medina del Campo), donde había relojes de extraña construcción ... Rodríguez Marín comenzó explicando cuál era el pueblo de la reloja, al que aludió Cervantes, del modo siguiente: “Sépase, ya que no el nombre de tal pueblo ( que será bueno callarlo, por no agraviar), que es andaluz, y que le pusieron el dicho mote porque habiendo pedido el cura un reloj para la torre de la Iglesia, el Cabildo del lugar tuvo por bien que se encargara a Sevilla; pero no reloj, sino reloja y preñada, para vender luego los relojillos que pariese, y proporcionar esa entrada al arca del Concejo. Esto escribí antaño, y ahora añadiré que el tal pueblecito fue Espartinas (Sevilla), y que no debió de cuajar el propósito de comprar reloja ( quizá porque no se hallaran fabricantes sino de relojes machos ), pues consta, y esta es otra vaya que dan en la comarca a los del mismo pueblo, que al cabo hiceron en la torre un reloj de sol; pero como el Alcalde, por resguardarlo del temporal, mandase que lo cubrieran con un tejaroz, no señalaba la hora...” (M. Herrero, pp. 17-18).
Lope de Vega, Servir a buenos. Madrid, Rivadeneyra, II, 1860, v. 440.
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SEGUIDILLAS^^
- Sin tener pies las Damas, me hallo obligado
a dar a la más bella cierto zapato;
pues no me escaso a todos los regalos, que son de punto.
- Por minutos. Anarda, mi amor quisiera obstentar de tu afecto la gran firmeza:
Y assi, aunque en cifra, el relox de diamantes por mí lo explica...
Reloj antiguo de diamantes y oro
En definitiva, como reseña Santos Torroella'^"^, resultaría interminable una antología que pretendiera encerrar entre sus páginas, lo mejor que hayan escrito los poetas en tomo al tiempo o motivado por él. “Más que interminable sería imposible, puesto que todo poema, casi por el mero hecho de serlo, se debe a ese ente misterioso con el que, sin cesar y a brazo partido, lucha desesperadamente el poeta. Cabe eso sí, concretar extremos dentro de ese único y caudaloso tema esencial, y cabe hacerlo, sobre todo, atendiendo a razones que, en cierto modo, pudiéramos considerar extrínsecas a la poesía: una de ellas, por ejemplo, la de la circunstanciación denominativa de ese ente por el objeto que le confiere realidad y presencia tangibles en nuestro mundo: el reloj, (p. XI). Continua el autor señalando que es una limitación el hecho de ceñirse al tema del reloj, a la presencia literal del reloj en los poemas, para valorar los poemas
Cfr. Obras lyricas jocoserias, que dexó escritas el Sr. D. Francisco Benegasi y Luxan; Madrid, Juan de S. Martin, 1746, fots. 112-3. ( B. Nacional: 3/23923 )
Santos Torroella, R. (1953). Los números del tiempo. Antología del reloj y las horas en la poesía castellana...-, Madrid, Roberto Carbonell, vol. I de la Biblioteca literaria del relojero, 164 pp.
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relacionados con el tiempo (sería imperdonable no señalar las coplas de Jorge Manrique e intrascendente y trivial el reseñar la décima titulada “£■/ reloj de soF de J.E. Hartzenbusch).
“Lo primero que advertimos es que, salvo algún caso excepcional, - el de Quevedo, por ejemplo nuestros poetas han dedicado escasa atención al reloj y a sus formas y principios diversos. Escaso, si lo buscado son composiciones en las que aparezca el reloj como protagonista exclusivo, esto es, como motivo central al que todo lo restante se supedite. Lo más frecuente es que se haga objeto de breves alusiones o que suscite algunas imágenes o metáforas aisladas, consustanciales dentro del poema” (p. XIII)... “Porque, como advertirá el lector, y esta es otra de las observaciones que nos brinda la consideración del tema, lo tradicional ha sido, hasta los últimos tiempos, servirse de la imagen del reloj para interpretarla ascéticamente, reiterando los avisos y recomendaciones en torno a la caducidad de la vida. Descriptiva y decorativamente, el tema ha contado poco en nuestra poesía, y hasta es raro que se recurra a él festivamente, como en los versos de Liñán de Riaza:
Porque mi hermano mayor
Fue de mis raíces río
Y de mis muebles tizón...
Convirtióme en pica seca
Y obligóme a ser reloj,
De badajo en esta sala
Y en este patio de sol. (p. XV)”
Señala este crítico que a grandes rasgos podrían señalarse tres períodos bien definidos en la historia poética del reloj entre nosotros. El primero, desde que es mencionado por primera vez - no hemos encontrado ejemplos anteriores a Juan de Mena hasta el Romanticismo. El segundo, desde este último hasta las tendencias que se denominaron de vanguardia. Estas y las manifestaciones subsiguientes constituyen el tercero y último” (p. XVII).
“La nota dominante en el primer periodo, como ya he indicado, es la del estoicismo, cuya culminación, muchas veces estoica más que ascética, puede verse en Quevedo. La actitud a que dicha nota obedece, lo que hace es singularizar una respuesta, la más perentoria, a las interrogaciones que promueve la brevedad de la vida, sugeridora ésta de un tema poético más amplio y difundido. Y es lástima que de este último, por obligada precisión antológica, no sea posible incluir aquí preciosos ejemplos de nuestra poesía, desde Jorge Manrique a Calderón o Erancisco de Rioja. . . Acaso nadie haya escrito palabras más duras y graves que don Erancisco de Quevedo acerca de lo efímero de la vida del hombre, de su triste condición perecedera; pero nunca resultan lamentación inconsistente y tópica, sin entrañada justificación en y para la conducta, la cual encuentra de este modo, por poética cura en salud, la restauración de su equilibrio. Y ello, a vueltas con la imagen del reloj, buscando y hallando en éste un regular, inequívoco y severo monitor de la conciencia que, en el trance lírico, procura su afirmación y apaciguamiento” (p. XVIII)
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III.c.- El reloj en Góngora y falsas atribuciones:
Ya en 1927, José de Cossío escribía: ^"Podemos presenciar un reñido certamen en que se pretende dar cima a un trabajo digno de los tiempos heroicos de la Mitología: aprisionar el Tiempo. Compiten en él los dos más aptos constructores de cápsulas rítmicas destinadas a encerrar lo inefable e incoercible: don Luis de Góngora y don Francisco de Quevedo. Uno y otro aprovechan el caracterizar un artificio mecánico para embalsar en su verso la corriente fugitiva: uno y otro cantan el reloj. Y prueban, tratando las virtudes de todos los conocidos (de arena, de sol, de campana, de aguja y cuerda, del canto de aves, de cuartos, de agua, para el pecho, el sideral de las estrellas), de mostrar la esencia de la imponderable, aunque mensurable, sustancia de nuestra vida...
La mayor parte de la crítica especializada, basándose en diferentes manuscritos y autoridades gongorinas, atribuyó al cordobés las célebres décimas a los relojes tituladas “La medida del tiempo en diferentes relojes”, aunque siempre con dudosa certeza"^^.
Pero en 2014, el profesor Juan Montero publicó el articulo “Rodrigo Fernández de Ribera, autor de las décimas a los relojes, mal atribuidas a Góngora”'^^, donde demuestra que son del poeta, nacido y muerto en Sevilla, Rodrigo Fernández de Ribera (1579-1631), autor de Rimas jocosas, o La Asinaria o de El Rosal, y otras producciones en prosa. Para ello se basa en el manuscrito Span 56 de la Houghton Library (Univ. Harvard), fol 215r-217v, códice que lleva por título Poesías varias. Año 1631. En dicho manuscrito se (atribuye a este autor sevillano y contiene 10 estrofas (en vez de 9, como en los manuscritos gongorinos R, E o G^^) y un orden diferente de las mismas. Dicho trabajo es el que nos sirve de base para nuestra edición y estudio de este asunto.
Cossío, J. María de. (1927). “El tiempo prisionero”, en la revista Mediodía', Sevilla, n° VII, pp. 2-3.
Angulo y Pulgar, Hugo A. Rennart, Miguel Artigas, o los hermanos Millé la atribuyeron erróneamente a Góngora. Sobre el problema de las atribuciones al Corpus poético del cordobés, cfr. A. Carreira,
“Nuevos poemas atribuidos a Góngora” Barcelona, Sirmio-Quaderns Crema, 1998, o del mismo autor Góngora: poemas atribuidos y dudosos”, en Gongoremas; Barcelona, Península, 1998, pp. 415-537.
En el libro conjunto Hilaré tu memoria entre las gentes: estudios de literatura áurea (en homenaje a Antonio Carreira); coordinado por Alain Bégue y A. Pérez Lasheras; Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014, vol. 1, pp. 201-218.
R, de la Universidad de Pennsylvania; E, ms. 404 de la Fundación Lázaro Galdeano y C, ms. 3906 de la BNE. Para más datos y planteamiento del asunto véase el citado artículo del profesor Montero.
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Imagen del libro Homenaje a Góngora (1995)
Las décimas atribuidas a Góngora sobre los relojes son las más eonoeidas y muehos erítieos las han analizado, aunque seguían adjudieándolas erróneamente. Señala José M® Ocaña: “La décima, fue sin duda la estrofa oetosflaba que a partir de finales del siglo XVI alcanzó éxito más destacado y rápido. . . Góngora compuso una serie temática sobre “la medida del tiempo por diferentes relojes”, en la que se unifiea armónieamente el sentido traseendente del Barroeo eon una deeantada forma de innegable belleza culterana. Don Luis nos revela en estas déeimas el agudo sentimiento de la incontenible fuerza del tiempo, su atraeeión por una límpida naturaleza, a la que enriqueee con los más bellos atributos jamás cantados por un poeta. . . Bien sintomático es que sea esta la époea de esplendor del arte de la relojería. El reloj será base doetrinal del filósofo y tema independiente repetido de la poesía, como afirma Orozco en su ensayo “Manierismo y barroco”. Simbolo dominante de ese periodo es la forma en que el fluir del tiempo se espeeializa. Góngora, al igual que muehos años después diría Ortega y Gasset (“Ni el mundo ni el hombre son: todo está en marcha. . aflrmará en sus décimas. “Sólo el tiempo vive”. Don Luis supo mostrarnos en estas décimas la más cabal lección del Barroco: el agudo sentimiento de la incontenible fuerza del tiempo, al que increpa con duras expresiones sintagmáticas: “¡oh tiempo tirano”, “calabozo estrecho”, “vida miserable
Ocaña Vergara, José M". (1995). “Décimas gongorinas para medir el tiempo ”, p. 1 1, en Homenaje a Góngora. Con ilustraciones dedicadas a sus décimas; Córdoba, Universidad. (Recuperado el 9/7/2018 de http;//repositorio.racordoba.es;8080/jspui/bitstream/10853/146/3/B RAC_nl42_2002.pdf.txt ). Continúa escribiendo; “Todos los recursos expresivos gongorinos: cultismos, atrevimientos sintácticos, léxico suntuario y colorista, uso constante de figuras retóricas, hipérbatos atrevidos y sugerentes imágenes y metáforas, enriquecen estas décimas de la medida del tiempo. Pero por encima de toda esta riqueza ornamental y colorista, emerge la temática barroca del más descarnado desengaño, que el artista de la época hubiera podido sintetizar en las siguientes notas: el mundo carece de valor, la vida es contradicción, lucha, la vida es breve y fugitiva, y en fin, vivir es ir muriendo. El recuerdo de la muerte, la fugacidad de la vida, de tan honda raigambre medieval y renacentista, aflora en estas décimas, en las que crea una bellísima plasmación filosófica envuelta en la magia sedosa de versos lujuriantes y cantarines. Aquí reside el encanto de la poesía gongorina: su hondo patetismo riente por la luminosidad y el juego de vocablos, cargados, además de colorido y vitalidad” .
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Por otra parte, estas famosas décimas han sido objeto de muchos y sugerentes análisis y páginas, remitiéndome a citar algunos de los más recientes. Miguel Salcedo Hierro, de la Real Academia de Córdoba, señala la génesis de éstas: “Este poema del gran cordobés sobre los diversos relojes, fue una aportación de Miguel Artigas, y así lo señalaron Juan e Isabel Milla y Jiménez, en la recopilación antológica, prólogo y notas de la edición realizada por el editor M. Aguilar en 1943. Creo que es justa esta brevísima indicación. Adentrándonos en Góngora. . . éste sabia que el tiempo - como la música - puede ser indicador de la altura de los sonidos; pero también conocía perfectamente que el instrumento es el que marca las formas de expresión. El tiempo es el tono de la jornada, pero los variados relojes acaso más dispersos que diversos, son los verdaderos definidores de los timbres. Cualquier reloj señala el transcurrir vital a la misma hora; pero la especialidad hace que el señalamiento sea diferente. No cabe duda que una nota musical es la misma en todos los instrumentos, pero como quedará debidamente identificada es sonando unitaria: jamás puede ser igual la de una viola, una guitarra, un laúd o una trompa: en cuanto surja, podemos decir, sin error, qué instrumento es el que está interviniendo”^^.
Y José M** Ortiz, por último, señala que Góngora más que “decimos lo que es el tiempo, se preocupó de su medida, que es lo único que con respecto al tiempo podemos hacer nosotros. Dice un antiguo y sabio fdósofo que ‘medir es conocer’, por esto, si hay tantos modos de medir el tiempo como relojes nos presenta Góngora, el tiempo puede ser algo conocido, y sin embargo, el comentario sobre lo que hacen los varios relojes nos presenta al tiempo como algo huidizo, fugaz, rápido:... engañado estoy / que vuelas, corres y ruedas / tú eres, tiempo, el que te quedas, /y yo soy el que me voy.
Ea visión de las estrellas como medidoras del tiempo, es en verdad desconcertante. Ya no es el problema de localizarlas, que hizo perder la corona al Rey Sabio; es el problema de saber por medio de las estrellas, dónde está el tiempo: si quiero por las estrellas. . . saber, tiempo dónde estás. Pero para Góngora, observador del paso del tiempo, como buen barroco, no hace falta en realidad, recurrir al auxilio del reloj, para damos una idea de cómo las mismas flores van midiendo el tiempo por magnitudes que no son ya ni el minuto ni el segundo. Son la noche, la aurora, el día. Ea flor del jazmín es como un cuadrante que va marcando unas horas que no llegan a completar las que componen una jomada: Flor es el jazmín, si bella.. .
El reloj de arena ha sido siempre el más socorrido símbolo del paso del tiempo. Eos pintores barrocos lo hicieron representante de la fugacidad de las horas y acrecentaron esta emblemática misión agilizando su alegoría con la adición de dos alas voladoras: ¿Qué importa, oh tiempo tirano / aquel calabozo... arena?. El último grano al que desesperadamente se confía D. Juan Tenorio, es la postrera posibilidad de una vida, que grano a grano, ha ido pasando del presente al pasado, sin más tránsito que la estrechura de las dos ampollas del vidrio: Aparta piedra fingida... en el reloj de mi vida
Salcedo Hierro, Miguel. (1995). ^"Góngora y su tiempo”, p. 55, en Homenaje a Góngora...; Córdoba, 1995.
Ortiz Juárez, J. M^. (1995). “Medir es conocer”, p. 13, en Homenaje a Góngora...
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Reloj de arena clásico
Pero ya hemos dicho que el profesor Juan Montero Delgado (2014) consiguió sacamos de este error adjudicándoselas al poeta sevillano Rodrigo Fernández de Ribera. Para ello se basa en la copia del citado manuscrito Span 56 de la Houghton Library (Universidad de Harvard), f. 215r-217v., códice que se titula Poesías varias. Año 1631, recopilado por el pintor Francisco Pacheco. Señala Montero que la procedencia sevillana del cancionero, la fecha en que se ultimó la recolección, la participación de Pacheco, el texto mejor y más completo del poema en comparación con los 3 manuscritos que lo atribuyen al cordobés, son motivos suficientes para atribuirlo a Fernández de Ribera. “La última estrofa de P (manuscrito citado), que es la que falta en los otros manuscritos y la que nos da la conclusión del poema, incluye, como se habrá notado, una recolección de los diferentes tipos de relojes o modos de medir el tiempo (hasta nueve) que previamente se han nombrado en el poema. Pues bien, dicha enumeración recolectiva dispone sus miembros siguiendo exactamente el mismo orden en que van apareciendo en el texto. Esto ya constituye un indicio vehemente a favor de P como representante de la única redacción auténtica” (p. 211). También se basa en cuestiones estilísticas y no encuentra ni la fuerza imaginativa ni la maestría verbal de Góngora (un estilema como el de la rima interna del verso 32 no es propio del cordobés).
Señala Montero que fue poco afortunado por parte de Angulo y Pulgar llamarlas “décimas morales”, ya que Góngora “no fúe un poeta relojero. En esto le ganó, y con creces, Erancisco de Que vedo, que escribió, como se sabe, diferentes composiciones sobre el tema, y singularmente, una serie de tres silvas dedicadas al Relox de arena. . . al relox de campanilla. . .y al relox de sol. . .que son precisamente, los mismos relojes a los que dedica Ribera las tres primeras de sus décimas. Es verosímil, por tanto, que el sevillano, gran admirador de Quevedo, haya tomado de éste la idea de componer un poema sobre los diferentes tipos de relojes” (pp. 214-5)
En definitiva, las décimas a los relojes Eernández de Ribera son auténticas obras de ingeniería poética y plástica, con evidentes paralelismos con diferentes cuadros célebres, y así Antonio Ojeda señala, aunque atribuyéndolas a Góngora, que la décima del reloj de sol podría ilustrarse con las Postrimerías de Valdés Eeal; la del reloj de pecho con el cuadro Angeles y Fuensanta, de Julio Romero de Torres; la del reloj de
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cuartos con los relojes blandos de la '"persistencia de la memoria ” de Dalí, o la del reloj por las estrellas, con las Constelaciones de Miró.^^
Gongo ra no fue un poeta “relojero”, y podemos rastrear sólo algunos easos aislados como, por ejemplo, en la Fábula de Píramo y Tisbe, en los vv. 361-364. Es el momento en que Píramo acaba de llegar al lugar de la cita fatal:
y no hallando la moza, entre ronco y tartamudo, se enjaguó con sus palabras regulador de minutos.
Francisco de B. Marcos Álvarez^^ señala que “se trata de una perífrasis, en sí misma bastante banal, que sustituye al término metafórico. La opacidad de éste deriva sólo de la interposición de esa instancia suplementaria de significación. Un «regulador de minutos» es un reloj, el que regula, mide o computa los minutos. Queda por ver la pertinencia de tal calificativo en la narración, su funcionalidad y su coherencia textual. Cabe pensar que el reloj que sirve de comparación con Píramo es el reloj de badajo o de campana, el cual podía ser no sólo de torre sino también doméstico. Píramo, que llega tarde al lugar convenido, descubre que Tisbe no está allí, y atenazado por el estupor y la angustia intenta llamar a su adorada, pero su intento sólo produce sonidos inarticulados
Ojeda Carmena, Antonio. (1995). Medidas del tiempo por los diferentes relojes, en Homenaje a Góngora..., p.6
Marcos Alvarez, F. de B. (1989). “Algunas claves semánticas en la Fábula de Píramo y Tisbe, de Góngora”; Asociación Internacional de Hispanistas. Barcelona. Actas X. Recuperado el 12/04/2018 (https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/10/aih_10_2_013.pdf). Señala el crítico: Pellicer nos deja en ayunas, pues se limita a comentar: «no hallando a Tisbe quedo mudo” (col. 817). Salazar Mandones, como de costumbre, es más prolijo: «entre ronco y tartamudo (esto es murmurando entre sí, y tragando como dicen la saliva) se enjuagó con sus propias palabras, regulando los minutos del tiempo que se habría detenido, conforme lo que habría que Tisbe estaba fuera de su casa » (fol. 138r). Salazar no hace justicia a la «inventio» gongorina. Aterrado Píramo de no ver a su amada hasta el punto de perder el control de su laringe y lengua, parece inverosímil que se pusiera a calcular minutos. A. Carreño y A. Carreira glosan «regulador de minutos» como «calculador» sin más explicaciones (pp. 410 y 300 respectivamente). R. Jammes se remite no a «regulador», sino al infinitivo «regular», del que da como equivalencias «supputer», «calculen». Todos pues siguen el dictamen de Salazar. El «regulador de minutos» del v. 364 es una aposición respecto del sujeto de todo el período que es Píramo, mencionado en el v. 353 como «el tardón», y no posee en rigor valor verbal como pretende Salazar Mandones . . .
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(lo que expresa el verso «entre ronco y tartamudo») mientras en vano la lengua se mueve en la boca tratando de pronunciar, imagen que provoca la analogía con el badajo del reloj golpeando de un lado a otro la campana. La misma imagen origina la analogía con «enjuagarse»: así como el que se enjuaga mueve un líquido en la boca de un lado para otro sin dejarlo salir, del mismo modo las palabras se agitan con la lengua en la boca de Píramo sin lograr salir de ella. Un correlato de la metáfora del reloj de campana aparece en la cuarteta siguiente a la que acabamos de analizar, vv. 365-368):
De su alma la mitad cita a voces, mas sin fruto, que socarrón se las niega el eco más campanudo.
La calificación en forma comparativa del eco como «más campanudo» toma como términ implícito de comparación el Píramo-reloj de la cuarteta precedente. Y el sentido global de la última puede ser éste: Píramo, repuesto del susto, llama a voces a Tisbe, pero el eco, siendo más campanudo o potente que Píramo, le niega socarrón las voces.
Es decir, no hay eco de los gritos de Píramo, y también las llamadas de Piramo «no tienen eco», es decir no tienen resultado.
Juego bisémico entre sentido recto y sentido figurado. Es muy posible que para la analogía del reloj Góngora hallara inspiración en el acervo popular de chistes y dichos ingeniosos del que gustosamente se abastece. Téngase también en cuenta que «lengua» llegó a lexicalizarse como denominación del badajo de campana, que Covarrubias define como «El martinete, almilla, lengua o mazo de la campana»” (p. 1030).
Otra referencia en el cordobés la encontramos en el romance de 1619, que empieza ''¿Quién oyól, donde se dice: Yacía la noche cuando / las doce a mis ojos dio / el reloj de las estrellas,/ que es el más cierto reloj". Como señala A. Carreño (1982), Artigas lo considera un villancico y se incluye por primera vez en el manuscrito Chacón.
Ill.d.- El reloj en Quevedo y seguidores
Eos relojes de Quevedo fueron compuestos, parece, pensando en los del Góngora^"^, lo que ha hecho suponer la existencia de algún certamen al que ambos asistieran. Eos hermanos Millé, en su magnifica edición de las Obras de Góngora, escriben: “tenemos idea de haber visto en alguna parte otras composiciones al mismo asunto. Es posible que todas hayan sido hechas en competencia para alguna justa o academia literaria”^^
El tema central de la poesía metafísica de Quevedo es el de la fugacidad del tiempo y lo efímero de todo lo existente sobre la tierra:
Léase lo que dice J. María de Cossío (1952) en “El tiempo prisionero”, en Poesía española (Notas de asedio)’, Buenos Aires, E. Calpe, donde literalmente dice “y no es para mí dudoso que compuso Quevedo sus relojes por emulación de los de Góngora” (p. 93).
Cfr. Juan e Isabel Millé y Jiménez. (1956). “Notas a las letrillas atribuibles” en Luis de Góngora; Obras completas-, Madrid, Aguilar, 4'* edic., p. 1138.
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Bien te veo correr, tiempo ligero cual por mar ancho despalmada nave, a más volar, como saeta o ave que pasan sin dejar rastro o sendero
( Heráclito cristiano, salmo XXVII)
Señala Ekaterina Yeltsova^® que “se percibe que el poeta se imagina el tiempo como una sustancia dinámica, capaz de producir determinados efectos. El tiempo es representado como un sujeto pensante y racional, que entra de forma activa en la vida del hombre:
A cada sol que pasa, a cada rayo, la muerte un contador, el tiempo un ayo {Reloj de campanilla, 140)
Azados son la hora y el momento, que, a jornal de mi pena y mi cuidado cavan en mi vivir mi monumento ( Poemas metafísicas, 3 )
El poema transmite el carácter activo del tiempo a través de la combinación de "sustantivo + verbo", en la que el primer miembro es la palabra "Tiempo" y el segundo, un verbo activo. En la poesía de Quevedo encontramos las muchas combinaciones: “El tiempo corre/ El tiempo ha pasado/ El tiempo tiraniza/ El tiempo destruye/ El tiempo empieza/ El tiempo acaba/ El tiempo da/ El tiempo quita/ El tiempo precia/ El tiempo mueve/ El tiemplo ni vuelve, ni tropieza/ El tiempo castiga/ El tiempo satisface/ El tiempo pisotea las leyes del mundo, etc.”
Pero el paso del tiempo queda simbolizado, en numerosas ocasiones, con el motivo del reloj. Este objeto moralizador es un memento morí, un elemento que advierte que uno ha de morir. Ea tradición atribuye la creación del primer reloj de bolsillo al alemán Peter Heinlein (año 1505); sin embargo, muchos estudiosos sitúan su origen en el siglo XVII. Fijémonos, asi, en el poema “Reloj de Campanilla” {El metal animado...), de Erancisco de Quevedo, escrito por éste para el rey Eelipe IV, quien sentía una gran atracción por este tipo de objeto. Y es que Quevedo es uno de los poetas del Barroco que mejor ha sabido plasmar la fugacidad del paso del tiempo con un elemento como es el reloj. Ello es palpable en “El reloj de arena” {¿Qué tienes que contar, reloj molesto!) o “El reloj de sol” {Ves, Floro, que prestando la Arismética). En total son 6 composiciones: 3 silvas métricas, 1 silva en quintillas y 2 sonetos, también muy ampliamente tratadas por la crítica especializada.
Señala A. Gargano^’, estudioso clave en el tema quevediano que nos ocupa y al que remitimos para un análisis pormenorizado del tema, que “El compacto conjunto de
Streltsova, Yekaterina. (1976). análisis del campo semántico "tiempo" en la poesía metafísica de Quevedo. Hispanismos.
Gargano, Antonio. (2004). ^"Quevedo y las "poesías relojeras”, en La Perinola, 8, p. 187. Son imprescindibles las aportaciones previas de E. Asensio sobre estas “poesías relojeras”: "Reloj de arena y
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"poesías relojeras" de Que vedo -según la atinada expresión de Eugenio Asensio- con su variedad métrica, de género poético o temático, de modelos de reloj, representa un ejemplo de los más precoces y significativos de poesía barroca europea en el que, en torno al aparato cronométrico, se ha construido una espesa red metafórica y simbólica, dando lugar así a un sentimiento del tiempo que se mueve enteramente en una relación analógica entre la vida humana y el icono móvil del reloj” (p. 187).
El profesor Gargano se centra en el estudio de la silva a Eloro, dedicada al reloj de sol, y dice que en esta composición de veintiséis endacasílabos y heptasílabos, “no es el indudable eco de la reflexión estoica que se concretiza en la idea de la vida humana como tránsito fugaz lo que hace digna de atención la poesía mencionada, sino, más bien, la trama de varios planos que se engendra a partir de la reflexión de la vida humana en el reloj. Así, desde los primeros versos de la silva, con su explícita referencia a las dos artes del Quadrivium, son -nada menos- las grandes categorías del espacio y del tiempo las que se ponen en correlación gracias a los números, que son capaces de traducir la cantidad de espacio recorrido por el sol en la cantidad de tiempo recorrido. Un tiempo que, al menos en esta fase inicial del texto, todavía no es el de nuestra vida humana, sino el más objetivo y despersonalizado expresado por los números marcados en el cuadrante del reloj:
iVes, Floro, que, prestando la Arismética
números a la docta Geometría,
los pasos de la luz le cuenta al día? “ (p. 190).
Este tiempo aún cosificado, despersonalizado, es esencial en Quevedo y como destaca William H. Clamurro,^^ “el tiempo en la poesía lírica de Quevedo es un vehículo para la meditación de la mortalidad y de la limitación y aislamiento humanos. Es decir, que el tema ostensible viene a ser un espejo en el que el poeta se contempla a sí mismo y en el que el lector - aunque no percibe directamente al poeta (una «presencia» básicamente ausente) - puede presenciar sus propias inquietudes. Así, dicho de otra manera, la cosificación del tiempo representa una exteriorización de temores y sentimientos por los cuales nos faltan los términos adecuados. Desde esta perspectiva, la del motivo meditativo, unos ejemplos quizá más reveladores se encuentran en las silvas tituladas «El reloj de arena» y el «Reloj de campanilla». En particular, la primera me parece muy pertinente a la consideración de la cosificación del tiempo como elemento de la meditación personal. Otra vez, un objeto concreto pero inanimado adquiere cierta presencia vital; tras un apóstrofe directo, el poeta caracteriza el pasar del tiempo en términos de movimiento: '‘¿Qué tienes que contar, reloj molesto, / ... en un camino que es una jornada, / breve y estrecha, de éste al otro polo, / siendo jornada que es un paso solo?» (p. 98). Acto seguido — y casi a manera de respuesta — el poeta contrapone al tamaño ínfimo de la duración de su vida, la inmensidad de sus aflicciones humanas. «Que, si son mis trabajos y mis penas, / no alcanzarás allá, si capaz vaso /fueses de las arenas / en donde el alto mar detiene el paso ”.
Prosigue apuntando que «El reloj de arena» “puede considerarse una versión elegante de la contemplación del tiempo, o quizá una culminación de todas las
amor en la poesía de Quevedo (fuentes italianas y derivaciones españolas)", en Dicenda; Cuadernos de filología hispánica, n° 7, 1988, pags. 17-32.
En La cosificación del tiempo en unos poemas de Quevedo, AIH, VIII, 1983.
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variaciones del tema. Pero, además, este poema y los otros del grupo temático tienen una importancia más amplia en el contexto de nuestro entendimiento del lenguaje quevediano. La cosificación del tiempo es, en cierto sentido, el principal procedimiento estilístico-estructural de una clase de poemas meditativos” (p. 412).
El tema de las eenizas del amante encerradas en un reloj de arena, proeedente de dos epigramas latinos del humanista italiano Girolamo Amalteo (1507-1573), produce en varias literaturas nacionales una serie de imitaciones y adaptaciones hasta el siglo XVIII^^. En esta ocasión es el profesor Eugenio Asensio (1987) - del que reproduzco los siguientes párrafos - quien introduce el asunto señalando que “el gusto sepulcral que nos revelan las nutridas secciones de poesía fúnebre en las obras de los líricos del XVII, y el aroma de paganía y de exotismo que exhalan las bellas despiadadas con las cenizas de sus amantes estimuló la imitación. Eos imitadores podían darse el doble placer de pintar la refinada crueldad y moralizar sobre ella. Sospeeho que buena parte de las rimas y rimadores que trataron el tema, no ha llegado a nuestras manos. Eo cierto es que las primeras imitaciones impresas pertenecen a dos notables poetas que dan a luz las suyas a mediados de siglo: el príncipe de Esquilache en 1648, y Erancisco Eópez de Zárate en 1651. A la zaga de estos, otros dos menos afamados: Juan de Moncayo (1652) y Euis de Ulloa y Pereira (1659). Por último, cerrando el desfile, viene Erancisco de la Torre Sebil, el cual compensa su tardanza con la cuantía de su aportación: cuatro sonetos sobre Nise incinerada en su reloj en 1674. (Omito de mi reseña la variación satírica del tema — último destello de vida — que encontramos en Gaspar Alonso Valeria. Engaños desengañados, Nápoles, 1681). Esquilache y Zárate rehúsan culpar a una dama, e invirtiendo el sexo del protagonista, encierran dentro del vidrio las cenizas de una amada. Juan de Moncayo y Euis de Ulloa regresan al tema primitivo, aceptando la crueldad femenina, aspecto temático capital en el origen: Que vedo y Amalteo.
Ha pasado en la República literaria del siglo XVII el tiempo de las imitaciones ceñidas, fieles a la propuesta argumental e interpretativa del modelo. El gusto por la variación, practicada sistemáticamente en las academias literarias incita a tratar libremente polémicamente si es preeiso, los modelos admirados, y los asuntos ajenos. El príncipe de Esquilache, Erancisco de Borja y Aragón, que había sido virrey en el Perú y brillado en la corte de Eelipe III y IV, publica a los 66 años de edad sus obras poéticas. Un soneto, que no quebranta ni los galantes códigos de la corte, ni la eseuela poética de Eope, reacciona frente a Quevedo:
Miraba Fabio en un relox de arena “ (pp. 26-27).
Cfr. Ruiz Sánchez, M. (1999), nota 33, y también cfr. Stepanic, Gorana. (2015). “£/ reloj de arena en un epigrama latino de Dubrovnik del siglo XVIII”, en Humanismo y pervivencia del mundo clásico. V; homenaje al profesor Juan Gil / coord. por José María Maestre Maestre et alii., vol. 3, pp. 1529-1541.
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Para finalizar, recordemos los hiperbólicos y famosos versos de su soneto satírico, dirigido a Góngora, A un hombre de gran nariz:
. . .Era un reloj de sol mal encarado, érase un elefante boca arriba, érase una nariz sayón y escriba , era Ovidio Nasón más narizado. . .
El profesor Ignacio Arellano comenta al respecto: “Varios sentidos explota igualmente la siguiente metáfora: «reloj de sol mal encarado»: parece un reloj de sol cuya aguja sigue una dirección anómala; es además, de mala cara, por causa de semejante nariz. Lázaro apunta que la mención del reloj de sol evoca un largo gnomon (la nariz hiperbólica); y mal encarado: a) «mal orientado, con el gnomon desviado»; b) «no enfrentado al sol, en sombra, sombrío»; c) «de mala cara»: aquel individuo parecía un reloj de sol cuya aguja seguía una dirección anómala y era a la vez sombrío y de mala cara (Lázaro Carreter). Molho deriva a una interpretación simbólico-teológico- antisemita recordando que el sol puede simbolizar a Dios, del que se aparta el judío aludido en estos motivos, pero no parece que haya justificación en el texto para ir más allá de la nueva imagen visual analizada”^*^.
Concluyendo con las variaciones sobre la influencia de Amalteo en Quevedo y seguidores, acerca del motivo de las cenizas en el reloj de arena, vamos a dedicar un apartado a F. de la Torre y Sevil.
Sobre este autor remitimos a las notas que se encuentran más adelante en nuestra edición de sus poesías sobre el reloj (debidas mayoritariamente a M. Alvar®'). Para este autor, el punto de partida fue Juan Owen, en la traducción e imitación de sus versos. En su imprescindible estudio sobre las influencias de las culturas griega y romana en la
Cfr. I. Arellano, Comentario de texto “A una nariz”. Biblioteca virtual Cervantes. Recuperado el 12/4/2017 de http;//www.cervantesvirtual.corn/obra-visor/a-un-nariz-comentario-del-texto- 0/html/01770bac-82b2-l Idf-acc7-002185ce6064_2.html ).
M. Alvar. (1997). “Za poesía de don Francisco de la Torre y Sevil" , en Nebrija y los estudios sobre la Edad de Oro. Madrid, CSIC., pp. 329 y ss.
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tradición occidental, Gilbert Highet dedicó un capítulo a los esfuerzos de los traduetores renaeentistas,*’^ aplieables perfeetamente a nuestro autor.
Señala Alvar que “al practicar su teoría de la traducción, se fue apartando del original y al eontemplar los testimonios latinos, tradujo y luego, reereó. Los sonetos que apareeen en la Agudezas de Juan Owen eantan a un relox de vidro cuyas arenas eran las cenizas de una bellega difunta. El propio enunciado es un paradigma de inquietudes y de angustias, pero el poeta los eseribió eomo amplificatio del epigrama 202 del libro 1. Mereee la pena que nos detengamos, pues son de una impresionante belleza. Partiendo de unos versos de Juan Owen, ejercita su modo de traducir y luego se aleja en busea de su propio eamino. En este momento toma sus relojes, los convierte en piezas singularísimas e inieia su teoría de deseneantos y renuneias. ¿Queda algo del punto de partida? Es una voz nueva, instaurada en ese refugio de vidas elausuradas: espadas ya sin dueño, armas de fuego que acabaron con el valor antiguo, euadros heroicos. Tal es su valor moral; queda, también, la pieza museístiea que, entre otros viejos y paños oseuros, nos está dando vida a un euadro barroeo. Sentado ante ese tiempo que se euenta por eenizas que ineitan a la renuneia, podría eseuehar los versos de Quevedo”:
Y vi que estuve vivo con la muerte y vi que con la vida estaba muerto.
Pero el gran poeta le ha dado algo más que un pretexto; el tema apareee en el soneto A las cenizas de un amante puestas en un reloj, pero los de Ea Torre en nada son inferiores. Ea intensión del pensamiento y la desnudez de la expresión les dan una sorprendente modernidad... Nuestro poeta está, una vez más, eomo eslabón final de su eadena en la que figuran los nombres egregios de nuestra poesía barroea, y se nos aeerean don Euis Ulloa Pereira y Eraneiseo Eópez de Zárate eon relojes que traen las eenizas de una dama, pero es don Eraneiseo de la Torre quien lleva el tema hasta sus últimas eonseeueneias, "la antigua pasión vuelve a alear [...]. No ha de volver a levantarse" (p. 368-9). Oigamos el soneto:
Essa porfía que la vida cava y cada instante acuerda su ruina, si ya passó el morir, ¿dónde camina? y, si no viue, ¿cómo siempre acava?... “.
Gilbert Highet (1954). La tradición clásica: Influencias griegas y romanas en la literatura occidental, I; trad. de Antonio Alatorre. México, FCE, 563 pp.: “La influencia clásica pasa a la literatura de las naciones modernas a través de tres canales principales que son: la traducción-, la imitación-, la emulación. El canal más natural es el de la traducción, aunque los efectos de la fuerza que por ella penetra son mucho más variados de lo que se podría suponer. La imitación es de dos tipos: unas veces el autor moderno encuentra en sí mismo fuerzas para escribir en latín poemas tan buenos como los de Virgilio y, otras veces, mucho más raras, intenta escribir libros en su propia lengua sobre el molde exacto de las obras latinas o griegas que admira. La tercera etapa es la de la emulación, que impulsa a los escritores modernos a emplear parcialmente, pero no por entero, la forma y los materiales clásicos, y a añadir mucho de su propio estilo y de sus propio temas, con el afán de realizar algo no sólo tan bueno como las obras maestras clásicas, sino también distinto y nuevo. De este modo se consuman las verdaderas obras maestras...” (p. 168).
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Entretenimiento de las musas, de F. de la Torre. 1654
F. de la Torre no carecía de chispa poética, en palabras del profesor Asensio (1987), y “por lo cual Cossío pidió para su obra una «revisión poética, tanto por el valor sustancial de su poesía como principalmente por ser muy representativo de su tiempo». A fuer de galante caballero, no pintó a la bella despiadada usando para su reloj de arena las cenizas de un enamorado. La víctima cuyo polvo se desliza sin descanso por la ampolleta de vidrio que mide en tiempo, es Nise o Nísida, cuyas cenizas «lluvias es de la frente más serena» o. a lo culto, «numerosa fuga repetida». El título de los 4 sonetos informa el lector: “A un reloj de vidrio cuya arena eran las cenizas de una bellega difunta Vienen luego los 4 sonetos en este orden:
I. Esa porfia que la vida cava...
II. Mudo despertador, docta medida...
III. Aun vive Nise en alterada pena...
IV. Codiciosa inquietud, ladrón de cuantas...
Fue L(uis) M(ontañés) F(ontenla) -completo las iniciales del autor del Fomo III de la Biblioteca Fiteraria del Relojero y colaborador de los Cuadernos de Bibliofilia- quien descubrió las 4 composiciones disimuladas en la versión castellana de Juan Owen, Epigrammatum libri tres, Fondres, 1606, y las reimprimió en la revista Precisión, VII, 1954. pp. 16-19, de donde tomo mi texto. Al frente iba un docto artículo «Aportación a la antología poética del reloj» donde da noticias del humanista inglés y su traductor. Torre Sevil no carece de originalidad, a pesar de que cultiva un campo casi esquilmado. En Quevedo, remoto precursor, espiga dos versos felices ya citados, que transforma. Me refiero al cierre de la silva Al reloj de arena: «Que seré polvo, como tú, si muero. / y que soy vidro, como tú, si vivo». Al fin del soneto, aquí copiado, refresca la imagen en el último terceto:
La vida desengaños atesora/ si no por lo que en ti fue barro antes,/ por la que ya sin ti vidrio es agora.
El cambio de persona interpelada — Quevedo hablaba consigo mismo. Torre habla con Nise — y la sustitución de polvo por barro dan un aire nuevo a la reminiscencia. Observemos, igualmente, cómo la contigüidad semántica de arena-circo, le ha sugerido pintar a Nise, que «como fiera de aquel circo breve, corre veloz por la espaciosa arena». Imagen continuada muy del gusto de la época. Cerremos el ciclo del reloj de arena con unas consideraciones generales.
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La carrera de un asunto tan extraño, a lo largo de más de un siglo, convida a breves reflexiones acerca de su historia, y de aspectos temáticos y formales. Surgió (es una hipótesis poco aventurada) de la contaminación de 1 Trionfi del Petrarca — reflejados en ilustraciones manuscritas y casoni — con inspiraciones asociadas a la Antología griega. A pesar de su entronque con el gran poeta, se fue felizmente desviando de la dicción y el ideal femenino del petrarquismo.
La vinculación de la ampolleta de vidrio, o reloj de arena, con la ceniza enamorada perennemente andante entre sus muros de vidrio, fue interpretada por los poetas como acción simbólica ambigua y capaz de sentidos múltiples: crueldad femenina, pasión de amante transgresor, inquietud infinita del amor. El movimiento sin término de las cenizas incitó a imaginarlas vivas, animadas por el amor Este amor con visos de eternidad parece haberse infiltrado en la poesías de Quevedo, enlazándose con el tema properciano del polvo enamorado y el amor más allá del río de los muertos”, (pp. 30- 32).
Ill.e.- Sor Juana Inés de la Cruz
Escribe Georgina Sabat de Rivers^^ que “David S. Eandes se pregunta para qué eran necesarios los relojes ya que nuestra vida está, de modo natural y biológico, regulada por el ritmo de las 24 horas del día: el despertar, el deseo de comer a precisas horas, el trabajo y el descanso con la llegada de la noche, nociones todas implícitas en el Sueño. El reloj es un invento de la temprana Edad Media cuando fue preciso disciplinar, regulándola, la vida monacal: Omnia horis competentibus («todo debe haeerse en el momento preciso») y, como consecuencia, se organizó mejor el trabajo del burgo, y el tiempo -como se dice hoy- pasó a significar dinero; pero en la Edad Media toda esa regulación se hacía para mejor honrar a Dios: el hombre no temía a la muerte porque ella lo llevaría al Paraíso. Durante el Renacimiento, el ser humano, sin dejar de creer en Dios, se descubrió a sí mismo, y con el reloj, podía contar las horas para gloriarse al máximo del disfrute de todo el bienestar y hermosura que le rodeaba. El ser inteligente y angustiado del Barroco, en cambio, aunque sigue siendo creyente, veía el reloj como un instrumento no sólo capaz de regular su vida, sino como un medio de contar los minutos ante la constante inseguridad e inminencia de la muerte, la que no ve ya como promesa deleitable. No podía detener el paso del tiempo, pero la posibilidad de contar las horas le daba cierta ilusión de poder y de dominio sobre su vida y el fluido tiempo que estaba viviendo. No nos extrañe, pues, la fascinación que la barroca Sor Juana muestra por este invento”.
En el poema que estudiamos, “hallamos también el modo natural de la medición del tiempo: la armonía y quietud exterior anuncia la hora en la que al cuerpo, después de haber o no trabajado, le llega el dormir, sueña y se despierta. Eas alusiones técnicas en el Sueño son a veces literales, como lo es la referencia que hace Góngora a la brújula (véase nuestro epígrafe): el narrador del poema gongorino -desde un punto de vista de filosofía moral- habla de la importancia histórica de este instrumento, imprescindible para la navegación, la exploración y el descubrimiento de mundos nuevos. Pero más numerosas en el poema de Sor Juana son las imágenes o comparaciones figurativas que
® Sabat de Rivers, G. (1999). “Imaginería mecánica en el Sueño de Sor Juana ...”, p. 616.
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se basan en instrumentos técnicos. Algunos de estos instrumentos son tradicionales; otros se asocian con avances modernos. Repasemos en el Sueño, las referencias e imágenes de ambos tipos, pero, antes, señalemos las variadas imágenes relacionadas, directa o indirectamente, con el paso del tiempo empezando por las que podemos adjudicar a la tecnología moderna. En el recuento de los animales, en aire, mar y tierra, hallamos la imagen «natural» de lo que luego se llamará reloj despertador (es decir, que está entre lo natural y lo técnico): según la ingeniosa leyenda del bestiario, la grulla duerme sólo a medias, sosteniéndose en una sola pata, mientras en la otra guarda una piedrecita que la despertará si la deja caer al dormirse del todo. Sor Juana aplica al águila el papel que se le había dado a la grulla añadiendo en un solo verso (136) una notable referencia a la técnica moderna: la piedra es «despertador reloj del leve sueño». Más adelante, nos da la ingeniosa y bella imagen del corazón presentado como «reloj humano».
Retrato de sor Juana Inés de la Cruz
La nueva ciencia de la fisiología humana, inaugurada por Vesalio en su De fabrica humani corporis (1543), se hace asequible poéticamente en el Sueño por medio de imágenes técnicas; los órganos internos de nuestro cuerpo, que no se pueden ver, se visualizan en forma de «artificios» y se relacionan con el mantenimiento del cuerpo humano, que se presenta como máquina: el trabajo del corazón, la respiración, y el proceso de combustión que se realiza en el estómago. Las pulsaciones del corazón, como se anunció, se presentan de esta manera:
el del reloj humano
vital volante que, si no con mano, con arterial concierto, unas pequeñas muestras, pulsando, manifiesta lento de su bien regulado movimiento
Se capta en seguida la idea general de este pasaje, pero no es fácil de entenderlo en todos sus detalles. La prosificación de Méndez Planearte, por ejemplo, nos ayuda, pero no es muy precisa; dice que se trata de «el vital "volante" (o cuerda) de ese reloj humano -el corazón- que con los tranquilos y armoniosos latidos de sus arterias, ya que no con manecillas, da unas pequeñas muestras de su bien regulado movimiento». Pero el volante no es la cuerda del reloj; según el Diccionario de Autoridades, el volante «en
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el reloj es una pieza que, hiriendo en la rueda de Santa Catalina, le regula, introduciéndose en los dientes de ella». Y esta pieza, no siendo siempre visible, da muestras de su movimiento interior marcando, a la vista, el paso de segundos, minutos, horas, y en el caso poético que nos ocupa, con pulsaciones arteriales, que sirven de manecilla o indicio exterior; se funde de esta manera el reloj con el corazón. El cuerpo humano es una máquina de la cual el corazón es el eje de la vida humana, el que, con sus pulsaciones, marca el paso que nos lleva a la muerte; el reloj mecánico -artificio creado por la mente humana- mide el tiempo como el corazón mide la vida. Ambos son máquinas que también nos recuerdan la relación escolástica y renacentista entre el universo y el ser humano: el macrocosmos y el microcosmos” (1999, p. 621).
Prueba de su deseo político de hacerse notar como monja intelectual dentro de un mundo reacio a mujeres escritoras. Sor Juana prefiere la rareza -a la que iba aparejada el costo- que significaba regalar un «reloj de muestra» a «persona de autoridad, y su estimación», según aparece en el epígrafe de las siguientes cuatro décimas:
Los buenos días me allano a que os dé un reloj, señor, porque fue lo que mi amor acaso halló más a mano.
Corto es el don, mas ufano 5
de que sirve a tus auroras; admítele, pues no ignoras que mal las caricias mías te pudieran dar los días.
En el apartado de poemas de agradecimiento colocamos estas décimas que envía “a persona de autoridad”, junto con el que significaría, entonces, el magnífico regalo de un reloj (se trataría del virrey don Tomás Antonio de la Cerda y Aragón, marqués de la Eaguna). A través de estas décimas, nos revela su asombro ante el mecanismo de la pequeña máquina del reloj y su fascinación barroca por influir en el tiempo. Señala Georgina Sabat de Rivers (1998) que “como era corriente en las composiciones en las que se utilizaba la imagen del reloj, se relaciona éste con el paso y medida del tiempo, su «veloz carrera», en la mención de «auroras», «días», «Horas» de la primera décima y que, en esta última palabra, se le imparten connotaciones religiosas: en el transcurso del rezo de las Horas canónicas se pide que la persona tenga un buen día” ( p. 343. Consultar edición de las décimas, más adelante).
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Ill.f.- El reloj en otros escritores barrocos
Dentro de los epígonos, tanto en España como en América, este tema tiene una amplia trayectoria. Otro poeta mexicano fue Luis de Sandoval Zapata^"^ (¿1620? - 1671), de quien en nuestro presente estudio recogemos un tríptico poemático {‘‘"Emblema triplex”). En el manuscrito citado aparece primero el soneto que lleva por título "Un velón que era candil y reloj", le sigue otro soneto que en lugar de llevar un explícito título dice "2. Al mismo asunto"; en la lámina VIII no está presentado el tercero ni su título, pero en la edición de Pascual Buxó sí aparece con el siguiente título: "Al mismo". Existe una estrecha relación en los sonetos: “los tres tienen un mismo tema o por lo menos, apuntan hacia un mismo sentido: la descripción de un obieto para iluminar, sea una vela o una lámpara que, además, tiene la función de señalar el transcurrir del tiempo, subgénero poético del Siglo de Oro: el relox, aviso o despertador”, en palabras de Miguel A. de la Calleja.®^
Escribe Arnulfo Herrera (1996, p. 97) que “Los relojes perdurarán con este signo de advertencia hasta incluso el siglo XIX. Textos de mala factura, como el que incluyó Manuel de Quirós y Camposagrado para conmemorar el reingreso de la Compañía de Jesús en La Nueva España en 1816, manifiestan ya una pesada carga de anacronismo; el mensaje directo de los textos y los elementos populares que dirigen el juego visual de los “Carmina figuratta”, en el caso de textos como éste, son el sintoma obvio de que el género se había agotado completamente por esos años y de que se había vuelto moneda corriente que ya nadie valoraba.
ESTE despertador que vigilante RELOX se ve que el tiempo te apresura DECLARANDO que toda la hermosura NUESTRA será ceniza en un instante
BREVE le acaba el esplendor brillante VIDA que el hombre eternizar procura ARREGLADA a una hedionda sepultura DE toda corrupción bien abundante
Sandoval Zapata, Luis. (1986). Obras, ed. y pról. de José Pascual Buxó. México, Fondo de Cultura Económica, (Letras Mexicanas). Este autor tiene 29 sonetos que aparecen copiados en un manuscrito misceláneo de la Biblioteca Nacional de México, con el número 1600 (antes XIII-2-6). Eue el padre Alfonso Méndez Planearte quien publicó varios de ellos en su artículo “Don Luis de Sandoval Zapata” (Ábside, I, 1. México, enero 1937). Más tarde, en su Omnibus de poesía mexicana (México, Siglo XXI Editores, 1972 ), Gabriel Zaid incluyó trece sonetos de este manuscrito, nueve de ellos inéditos. Y por último, José P. Buxó publicó en 1975 algunos más inéditos en Muerte y desengaño en la poesía novohispana. Siglos XVI y XVII. (México, D. E. Universidad Nacional Autónoma), y Arnulfo Herrera (1996) en su interesante libro citado en nota 4.
M. Angel de la Calleja López, ^"Emblema triplex. El texto en el texto en tres sonetos de Luis Sandoval Zapata”, En Literatura y emblemática: estudios sobre textos y personajes novohispanos. Edic. de M^ Isabel Terán Elizondo y Alberto Ortiz. México, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2004, pp. 97 y ss.
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LOS deleites mundanos dan la herida HOMBRES en toda clase de inquietudes LAS pasiones aparta en tu partida VIRTUDES acopiando en amplitudes
Este relox de nuestra breve vida Arregla de los hombres las virtudes
Señala el citado crítico que “los dos últimos versos representan la inscripción de la meridiana. Las palabras iniciales de estos versos sirven para componer la palabra inicial de cada uno de los doce versos restantes del texto (por eso están señaladas con versales y versalitas) y simulaban los “pasos” o “estaciones” de las manecillas, es decir, las horas de un reloj. Es un ejemplo de poesía figurativa que, utilizada por los antiguos poetas alejandrinos, fue revivida y ampliamente cultivada en los certámenes literarios del siglo XVII; en realidad el lector componía este soneto luego de contemplar la imagen de un reloj y seguir las instrucciones que se daban al margen. También para esta época el tipo de juego visual a que conminaba el texto se había agotado tanto como los contenidos a los cuales aludía. Seguramente encontró muy poco eco, aun entre los lectores más piadosos que verían en este pretendido poema la reminiscencia de una costumbre que se estaba yendo con los españoles y con los nuevos tiempos que anunciaba la ya larga guerra de independencia.” (p. 98).
En el terreno de la poesía satírica destaca Alonso de Castillo Solórzano, en sus Donaires del Parnaso, donde hace varias menciones sueltas al reloj y al paso del tiempo. Las composiciones incluidas aquí, fueron originariamente dirigidas a los miembros de dos academias literarias, lo que ocasiona que haya en ellas una serie de alusiones solo comprensibles en los cenáculos de la época, pero entre las que podemos claramente constatar habla del “pasagonzalo”, juego de la época, y escribe: Diole a su ministerio desempeño,/ las doce y una del reloj ha oído, /y ve que no venía su regalo. / Oyó las dos, y ya, rendida al sueño, /dijo con un despecho desabrido: / “ ¡Oh, cómo pasa el tiempo y no Gonzalo!” (II, 71). En otra composición a Constanza, una dama muy mudable, dice: Llamáronte Constanza, / porque el nombre templara lo inconstante; /no tuviste templanza, / que es tu juicio de un reloj volante /, que no estará parado, / mientras la cuerda dure en lo animado. (II, 55). Y en un romance al nacimiento de la Serenísima Princesa de España, señala: Dio un reloj de badajadas / más de milienta/ a mi ver,/ mas do el juicio se suelta /, ¿qué mucho un reloj lo esté? (“soltar el reloj”: quitar a un reloj el muelle, para que esté dando campanadas hasta que se le acabe la cuerda. Se hacía en señal de regocijo por algún acontecimiento).
Y por último, señalaremos que se atribuyen al comediógrafo Marco Antonio Orti, a mediados del siglo XVII, ciertos sonetos del manuscrito Ms. 3188 de la Biblioteca Nacional de Madrid: "A un galán que echó en un relox de arena las cenizas de su dama difunta", "A una abeja que libó dentro de una calavera", etc. En las Justas, Academias, Vejámenes o Certámenes barrocos hay infinidad de muestras sobre el tema, aunque casi siempre relativas a cuestiones religiosas^^. Rastrearlas sería muy interesante
Queremos destacar la que recoge el poeta Francisco de la Torre y Sevil en su libro Luzes de la Aurora. Días de Sol, (Valencia, 1665), donde se contienen varias composiciones al reloj, como las de José Pardo
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pero excede el ámbito de nuestro trabajo. Remitimos a los trabajos clásicos de José Sánchez (1961), de Pasqual Mas (1991), o más recientemente de Alain Bégue^^ y de Jesús Cañas Murillo (2012).
Por otra parte, en el campo del teatro, el propio Cervantes hace mención en su obra Pedro de Urdemalas, de una mano que usa como reloj:
Niña la que esperas en reja o balcón, advierte que viene tu pálido amor.
Noche de San Juan, el gran precursor, que tuvo la mano más que de reloj, pues su dedo tan bien señaló, que nos mostró el día que no anocheció; muéstratenos clara, sea en ti el albor tal, que perlas llueva sobre cada flor...
Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, no podría dejar de destacarse como enigmatista en algunas de sus comedias. En concreto en Los pastores de Belén (1612), uno de éstos propone el siguiente enigma:
Quién es aquel liberal,/ que es pródigo y no lo siente,/ porque sabe claramente/ que le ha de sobrar caudal./ Promete indicios tan ciertos, /que todos los cumple bien,/ sino es que ocasión le den/ para decir desconciertos./ Es descubridor de engaños/ y quien más llama y advierte,/ embajador de la muerte/ y medida de los años./ Es necio en sus condiciones,/ con ser harto bachiller,/ porque habla sin saber/ en todas las ocasiones./ Y aunque callando ni hablando/ no peca, es muy de notar/ que mientras no puede hablar/ está siempre murmurando ”.
de la Casta, (“Relox de Sol soys, y Dios...”), Honorato Guitart (“María, Relox divino...”), Crecencio Cervero (“El Relox puro, sin duda...”), Galcerán Bolada (“De difinir, Relox puro...”), José Cucarella, (“Relox con admiración...”), Baltasar Zapena (“Sed Virgen Relox brillante...”), Josef Carbó, (“Relox soys en mi opinión...”), etc. Nosotros hemos recogido en nuestra antología el poema ganador: el de Juan A. de Solís (“Desde vuestra concepción...”). Cfr. Gabriel Andrés Relaciones de fiestas barrocas: Valencia Textos y estudios. Editorial Académica Española, 2011.
Bégue, Alain. (2007). Las academias literarias en la segunda mitad del siglo XVII: Catálogo descriptivo de los impresos castellanos de la Biblioteca Nacional de Madrid, prólogo de Aurora Egido, Madrid, Biblioteca Nacional/Ministerio de Cultura (Premio de Bibliografía 2006), 2007. Y de J. Cañas Murillo, “Corte y Academias Literarias en la España de Felipe IV”. Anuario de Estudios Filológicos, vol. XXXV, 2012, pp. 5-26.
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La reina Mariana de Austria, Velázquez, 1652.
Y la pastora Griselda lo resuelve dieiendo que es el reloj, justificándolo así: '"que es tan liberal y pródigo que siempre está dando, sin sentir lo que da ni tener miedo que el caudal pueda acabársele. Las señales que promete por la saeta o índice que muestra las horas, cumple con darlas a su tiempo, si no es que por desconcierto de las ruedas no sea posible. Dice que es descubridor de engaños y que llama y avisa: efetos todos de las horas que pasan por nuestra vida tan apriesa. Llámale embajador de la muerte con razón, porque siempre está tratando su venida. Que sea medida del tiempo es cosa clara, pues le divide. Habla como necio porque es mucho y siempre, y sin saber lo que dice; y que cuando deja de hablar murmura, porque mientras no da siempre está haciendo ruido con el movimiento de las ruedas ”.
Un caso curioso es el de la obra de enigmas Navidad en Zaragoza repartida en cuatro noches. ¿Quién la escribió? Se suele atribuir a don Matías de Aguirre del Pozo y Felices, hijo de don Matías Aguirre y Sebastián, pero precisamente en el Catálogo Bibliográfico de don Cayetano De La Barrera y Leirado, aparece como obra del padre y el comentario de que por un error se atribuye al hijo. Apunta don Cayetano que se imprimió en 1634 (¿edición fantasma?), mientras que en otra fuente aparece que se publicó en 1654. El caso es que ambos son autores de poco renombre y existen pocos datos suyos; sin embargo, la “Primera Noche de Navidad de Zaragoza”, es sumamente atractiva por la presentación de sus enigmas y, lejos de la polémica, aquí veremos cómo se da un juego muy entretenido entre los contertulianos que fallan una y otra vez en sus respuestas y por ello han de pagar su equívoco complaciendo a las damas con canciones y versos. Matías Aguirre, sea cual fuera de los dos, desarrolla un esquema muy repetible en toda clase de historias. Enigma:
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Rijo a los hombre velando/ En una prisión cautivo,/ Llamo sin voz muerto, vivo,/ Ordeno, y ando rodando;/ Jarcias de yerros me alientan,/ ^oi galante sin pessar,/ Oficio tengo que dar,/J_ aun lo que doy, me lo cuentan./ Si miro con atención/ el enigma bien pensado/ con temeroso cuidado,/ diré que es el corazón,/ Si el enigma considero/ con lo qe passa en el mundo;/ yo agora en decir me fundo,/ que significa el dinero.
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Mujtcfíi. Que Dios rbtjora Iií horasí 66 taa Sagradó problema^
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o Biblioteca Nacional de España
Calderón de la Barca también tiene la Loa sacramental del Relox, que precede al auto sacramental El tesoro escondido. Señala Miguel Herrero García (1955) que “en escena aparecía un reloj sobre una pirámide giratoria, con doce cintas colgadas, seis a cada lado, que representaban las horas del día. Seis hombres y seis mujeres salen tras los músicos, que plantean el asunto con un enigma, y cantan y bailan, portando doce tarjetas, que corresponden también a las horas. Dicen los músicos: Que Dios mejora las horas/es tan sagrado problema,/como que de sus piedades/se valgan las culpas nuestras... ”. La loa sacramental del relox es tanto como un sermón en verso” (p. 94 y ss.).
Calderón tiene un ejemplo más del tema en “Entremés del reloj” y en “Un castigo tres venganzas^*”, uno de sus personajes, Federico dice: “¿No has visto un relox que tiene/en su circulo pequeño/ un volante, que señala/ los escrúpulos de tiempo/ y aunque el volante quiera/ ir otro camino, luego/obedece al artificio/que le manda por de dentro ?/Assi yo, aunque quiera ir/ por otro rumbo, no puedo/que la acción solo es volante/ del artificio del pecho/y así, es fuerza que obedezca/al alma que vive dentro ”
Entre los entremeses tenemos el titulado Entremés de los relojes, de Fernando de Ludeña (BNE: Ms. 17237), del que Cotarelo dice que abusa de las metáforas, pero Herrero Garda puntualiza que “no es cierto que se abuse de la metáfora. Se trata, simplemente, del trato de una cortesana con ciertos caballeros, a los que ha puesto los motes respectivos de reloj de arena, de sol, de agua y de campana. Se presta a los juegos de tuvo empeños de altura” (p. 97).
Calderón de la Barca, Un castigo tres venganzas, ( Recuperado el 22/05/2018 de http;//bdh- rd.bne.es/viewer.vm?id=0000 146 1 03í&page= 1 )
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Primera página del ms. Entremés de los relojes
Otros entremeses son los titulados El reloj y los órganos, de Juan de Matos Fragoso (atribuido a veees a Agustín Moreto) y El entremés del Relox, de Franeiseo Benegasi y Luján, etc. Por último, también tenemos los Bailes (piececilla de entreacto, que a comienzos del XVII solía ser un romance que cantaba un guitarrista mientras un bailarín interpretaba con su danza el texto). Miguel Herrero apunta algunos de ellos: Baile del Reloj, de Francisco de Avellaneda ( BNE: Ms. 16291), el Baile nuevo del reloj de repetición, de José de Cañizares o el Baile del amor reloxero, de Francisco Benegasi, con una serie de tópicos amorosos ( el viejo y la joven, la despedida de los amantes, el avaro, etc.).
Como coda final, recordemos que el reloj que separa a los amantes porque marca el amanecer es un tema clásico, tanto literario (recordemos el soneto de J. de Lomas Cantoral, “¡Ay.( nunca vuelva a descubrir el díd") como musical, que se extiende hasta nuestros dias, (véase el célebre bolero de Roberto Cantoral ‘"Reloj no marques las horas /porque voy a enloquecer./ Ella se ira para siempre / cuando amanezca otra vez.../ Reloj detén tu camino /porque mi vida se apaga...").
Ill.g.- El reloj como emblema: “metáfora de poder” (reloj de príncipes) y “a lo divino” (aviso, despertador)
Un tema tan tópico como el del “Tiempo” aparece representado en muchísimas obras de arte, aludiendo a la capacidad que tiene de descubrir o revelar lo verdadero. Al tratarse de un concepto tan amplio e incluso abstracto, los artistas recurrieron al lenguaje simbólico para poder representarlo. Este lenguaje fue definitivamente sistematizado a partir de numerosas tradiciones literarias, filosóficas y mitológicas que fueron recogidas durante el Renacimiento italiano y dieron lugar a la publicación de tratados de símbolos, emblemas, alegorías y heráldica. Uno de los más utilizados desde el siglo XVI al XIX fue el Tratado de Iconología de Cesare Ripa (1593). Los orígenes del motivo literario del reloj se encuentran, como ha recordado Manuel Angel Candelas, “en la poesía epigramática y en la literatura de emblemas, que gusta compaginar e integrar ilustración gráfica y palabra”^^.
® Manuel Ángel Candelas Colodrón, Las silvas de Quevedo. Vigo, Universidad de Vigo, 1997, p. 167.
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La iconografía para medir el tiempo es muy amplia: la flecha, la rueda, las alas, el reloj, etc. Como señala José M. González García^®, la flecha y la rueda han tenido el papel de símbolos de las dos concepciones fundamentales del tiempo en nuestra cultura: el tiempo lineal’* y el tiempo cíclico, el trascurso lineal que no se detiene y los ciclos de la vida en su constante regreso. Aunque nosotros tenemos la primera impresión del tiempo como algo lineal, en determinadas ocasiones lo captamos como circular, como ciclos repetitivos de la vida de los individuos desde el nacimiento hasta la muerte o en los ciclos de la Naturaleza, que tanta importancia tuvieron especialmente en las sociedades agrarias, pero estas cuestiones se nos escapan del tema de estudio.
En la época del Barroco hizo fortuna la comparación de la política con una máquina, cuyo funcionamiento perfecto dependía de la aplicación de una serie de leyes racionales y universales, como señala Óscar Ruiz’^. En concreto, triunfó la metáfora del reloj (mecánico) barroco como emblema del príncipe y del Estado. Eray Antonio de Guevara escribia que el fin de tener relaxes es por ordenar las repúblicas, por lo cual la vida del príncipe no es sino un relox que concierta a toda la república Saavedra Eajardo directamente aplicaba esta metáfora a la Monarquía Hispánica: "'este concierto y armonía del reloj, y la correspondencia de sus ruedas con la mano que señala las horas, se ve observado en el gobierno de la monarquía de España, fundado con tanto juicio, que los reinos y provincias que desunió la Naturaleza los une la prudencia.
Todas tienen en Madrid un Consejo particular: el de Castilla, de Aragón, de Portugal, de Italia, de las Indias y de Flandes. A los cuales preside uno. Allí se consultan todos los negocios de justicia y gracia tocantes a cada uno de los reinos o provincias. Suben al rey estas consultas, y resuelve lo que juzga más conveniente. De suerte que son estos Consejos las ruedas. Su Majestad, la mano ”. Siguiendo estos emblemas, la Monarquía era un gran reloj y las manecillas del mismo, eran el monarca que señala su rumbo en razón de las ruedas y de los mecanismos internos (Consejos, Juntas, Cortes).
González García, J. M. (1996). “Flecha del tiempo, rueda de la fortuna y reloj barroco,''^ en Filosofía moral, educación e historia. Homenaje a Fernando Salmerón; León Olivé y Luis Villoro (edits.); Univ. Autónoma de México, pp. 519-541. Y también del mismo autor “Una máquina política perfecta: el reloj barroco ”, en Metáforas del poder; Madrid, Alianza editorial, 1998, pp. 143-170.
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Sobre este tema cfr. San Agustín, Las Confesiones, libro XI, capítulo 27 y ss.
O. Ruiz, Las relaciones hispano-inglesas entre 1603 y 1625. Diplomacia, comercio y guerra naval.
Tesis doctoral. Valladolid. (Recuperado el 22/9/2018 de https://uvadoc.uva.eS/bitstream/10324/951/l/TESIS%20166-120515.pdf).
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Fray Antonio de Guevara. Relox de Príncipes. Valladolid, 1529. Prólogo General y capítulo XL (libro I): “Este Relox de príncipes no es de arena, ni es de sol, ni es de horas, ni es de agua, sino es relox de vida, porque los otros reloxes sirven para saber qué hora es de noche y qué hora es de día, mas éste nos enseña cómo nos hemos de ocupar cada hora y cómo hemos de ordenar la vida. El fin de tener reloxes es por ordenar las repúblicas, mas este Relox de príncipes enséñanos a mejorar las vidas, porque muy poco aprovecha que estén muy concertados los reloxes y que anden en bandos y dissensiones los vezinos'” (Relox de Príncipes (1529). Versión de Emilio Blanco publicada por la Biblioteca Castro de la Eundación José Antonio de Castro, tomo 11, páginas 1-943, Madrid 1994 (recuperado el 25/10/2017 de http://www.filosofia.org/cla/gue/guerp03.htm). En septiembre de 1594, para ejemplificar que el gobierno de Eelipe II estaba corrompido, la visionaria Lucrecia de León aseguraba que hasta tres relojes que tenía Su Majestad no decían la verdad, (cfr. Richard L. Kagan, Los sueños de Lucrecia. Política y profecía en la España del siglo XVI. San Sebastián, 2005, p. 134).
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Corrobora también esta idea González Gareía, en otro estudio’^, señalando que “a lo largo del Renacimiento se desarrolla poco a poco hasta culminar en la época del Barroco una concepción metafórica de la política que supone una cierta novedad frente a otras metáforas más antiguas. Me refiero a la idea del tiempo y especialmente de sus instrumentos de medida como representaciones más o menos complejas del poder, de la autoridad cada vez más centralizada. Cabría establecer una correlación entre el proceso histórico de construcción del Estado moderno y la utilización cada vez más precisa de la metáfora del reloj hasta convertirse en una compleja alegoría en la que cada parte del gobierno y del Estado es comparada sistemáticamente con los elementos del relox barroco. Y aunque este desarrollo se refiere de una manera especial al reloj mecánico^^, también es necesario tener en cuenta que esta metáfora del poder se desarrolla también en otras dos direcciones; el reloj de arena y el reloj de sol” (p.36). De nuevo González García puntualiza que los tres tipos de relojes - curiosamente un cuarto tipo, la clepsidra o reloj de agua, tan importante en épocas anteriores, desaparece por completo en la imaginería barroca - son objeto no sólo de los tratadistas políticos y morales, sino que se encuentran muy presentes en la pintura y en la poesía del momento, y “que el reloj de arena representa la caducidad de la vida política; el reloj de sol, la subordinación de la política a la religión o a los mandamientos “del Sol de Justicia, que es nuestro Dios”, y por último, el reloj mecánico se convierte en una de las alegorías más elaboradas del Estado barroco” (1998, nota 7, p. 529).
Ea mayoría de los escritores políticos de los siglos XVI y XVII ven en la sociedad terrenal una proyección del orden celestial, pero a su vez existe otro esquema, el “cuerpo místico civil” que adapta para la sociedad política el modelo religioso proporcionado por el cuerpo místico de Cristo. En la literatura del barroco, la metáfora del reloj relacionado con el gobierno tuvo gran difusión. En una entrevistad^ al profesor
González García, J.M. (1998). ‘"Sociología e iconología ”, en REIS (Revista española de investigaciones sociológicas), 84, pp. 23-43.
Diego de Saavedra Fajardo, en sus Empresas políticas fue entre los tratadistas barrocos quien mejor representa la idea de la caducidad del poder y de la fuerza de la muerte que iguala a todos. También citaremos a Juan de Borja, en sus Empresas morales (1581), quien al hablar del reloj mecánico, como símbolo de la autoridad suprema escribe: “Gran semejanza tiene el Reloj con el buen gobierno de la República. El reloj se mueve con dos pesas; la República se sustenta con dos partes, que son premio y castigo. El Reloj se compone de ruedas grandes y pequeñas; el gobierno con Ministros grandes y pequeños que ayudan a gobernar al Príncipe. El Reloj, si anda bien concertado, ha de andar a la par la muestra y el dar las horas; en el buen gobierno han de andar a la par el decir y el hacer. El Reloj no ha de andar trasero; el buen gobierno consiste en no tardar en hacer lo que conviene, so pena de perderse todo. El Reloj, para ser bueno, ha de ser justo; tal ha de ser el gobierno. El Reloj, no ha de pararse, ni los negocios han de dejar de hacer su curso. El Reloj ha de hacer las horas iguales; la desigualdad en el gobierno, es su perdición. El Reloj, aunque de todo ande bien concertado, si no estuviese puesto con el Sol, no será de provecho; de la misma manera, por muy bueno que parezca el gobierno, si no siguiese al Sol de Justicia, que es nuestro Dios, y a su Ley y mandamientos, de ningún provecho será ’’ ( Edic. facsímil de C. Bravo-Villasante; Madrid, FUE, 1981, p. 398. Y más recientemente la edición de Rafael García Mahíques. Valencia, Ayuntamiento, 1998) ).
Revista Ecuador Debate, n° 53, 2001, pp. 145.154. Escribe González García: “Tanto en Hobbes como en Fajardo todos los mecanismos internos del reloj, tienen que estar acompasados para que el príncipe, el monarca absoluto pueda señalar la hora de la política. Esa metáfora continua a lo largo del siglo XVIII, aparece en la Filosofía alemana, se mantiene a lo largo del XIX ya en el plan más crítico el mismo que se consideraba al individuo que tenía que poner en hora los relojes del Estado, tenían que marcar la hora del Parlamento de las instituciones estatales, la metáfora que él vive y hoy uno de los elementos centrales de toda política es marcar la agenda de los políticos. La metáfora cambia pero al mismo lenguaje subyace una referencia que permanece.” ( Recuperado el 20/04/2018 de http://repositorio.flacsoandes.edu.ee/handle/10469/4132 )
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Al PRINCIPE DE LAS ESPANASl NVESTRO SEÑOR [ P O Jl.
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Idea de un príncipe político cristiano. Saavedra Fajardo
González García, éste señala que “el análisis del "cuerpo político" es una metáfora repetida prácticamente a lo largo de todos los siglos, no desde Maquiavelo sino desde los griegos. En el barroco, el reloj mecánico es el paradigma de la complejidad de la maquinaria de la época, hay incorporaciones sistemáticas que aparecen por ejemplo en Hobbes y también de una manera importante, en un autor del barroco español como es Fajardo, donde el Estado es comparado con la maquinaria del reloj.
Paralelamente a la política, se desarrolla también toda una pedagogía del poder espiritual para la educación del buen príncipe de la Iglesia, concebido como un reflejo del “buen pastor”. La empresa XV de las Empresas sacras de Núñez de Cepeda^’, libro dedicado a “estampar avisos a los prelados y principes de la Iglesia” es un claro ejemplo de ello. José M. González García (1998) ya mencionada, señala que “en esta empresa, bajo el lema ''Regit et corrigit” {Rige y corrige), aparece la comparación metafórica entre el obispo y el reloj mecánico o reloj de ruedas, de quien depende el gobierno de las acciones humanas. En el grabado se puede ver un reloj mecánico de pared en primer
Cfr. edic. de R. García Mahíques (1998). Empresas sacras de Núñez de Cepeda. Madrid, Tuero, p. 78.
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término y, al fondo, un reloj de sol que tiene como misión regir y corregir al primero. Y como conclusión señala: “Ciertamente, hubo una época en la que el reloj mecánico sobrepasó con creces su limitada función de medir el tiempo y llegó a simbolizar todas las esferas de la vida y de la muerte: el cuerpo humano individual, el cuerpo social y político, el amor, la sabiduría, la temperancia como principal de las virtudes, el desengaño, la devoción religiosa, el universo en su conjunto, todo fue explicado por analogía con el reloj. Incluso Dios fue conceptualizado como el gran relojero que había construido y mantenía el correcto funcionamiento del firmamento, del movimiento de los planetas, como si de una inmensa obra de relojería se tratase.
Hoy, cuando los relojes se han convertido para nosotros en objetos tan cotidianos, nos resulta difícil comprender aquella auténtica pasión conceptualizadora que obligaba a entender todo el universo desde la compleja maquinaria de un reloj. Y, sin embargo, es necesario penetrar en el significado de las imágenes, metáforas, símbolos y alegorías del Barroco si queremos profundizar en el sentido de la época, de sus concepciones mecanicistas y deterministas aplicadas también, aunque no de modo exclusivo, claro está, al campo del pensamiento político” (p. 37).
Señala J. M. González García^^ que en la empresa 57 de Saavedra Fajardo, «Uni reddatur” se muestra un reloj mecánico como símbolo del Estado barroco cuyas ruedas son los ministros que actúan en la sombra sin ser vistos y sólo el príncipe se muestra al exterior. Pero el reloj mecánico, elaborada imagen del Estado barroco, no es el único, también el reloj de sol y el reloj de arena tienen su puesto en el imaginario barroco. El reloj de sol simboliza la subordinación de la política a la religión, ejemplificada en Dios en tanto que Sol de Justicia. Dice Saavedra: '"Obran en el reloj las ruedas con tan mudo y oculto silencio que ni se ven ni se oyen; y aunque dellas pende todo el artificio no le atribuyen a sí, antes consultan a la mano su movimiento, y ella sola distingue y señala las horas, mostrándose al pueblo autora de sus puntos. Este concierto y correspondencia se ha de hallar entre el príncipe y sus consejeros ...Y así, no solamente ha de ser el príncipe mano en el reloj del gobierno, sino también volante que dé el tiempo al movimiento de las ruedas, dependiendo dél todo el artificio de los negocios"^'^
En la empresa 18, «A Deo» Saavedra recomienda que el cetro reconozca a Dios como superior y se muestra el sol iluminando a la luna y una mano que lleva el cetro queriendo simbolizar que, igual que la luz de la luna depende del sol, el poder del príncipe depende del de Dios. Por su parte, el reloj de arena simboliza la caducidad del poder que comparte con el resto de las cosas humanas la fragilidad y la fugacidad.
En definitiva, en la literatura del XVII, la metáfora del reloj como alegoría del gobierno tuvo una muy amplia e intensa difusión. Veamos algunas muestras de Sebastián de Covarruvias y algunos otros escritores de la época.
González García., J.M. (1998). Metáforas del Poder, Alianza, Madrid, p. 165. Cfr. tambi Diego Saavedra Fajardo. Idea de un príncipe político cristiano. Representada en cien empresas. Ed. digital de Enrique Suárez (2016), Lemir, 20 ( Recuperado el 22/8/2018 de http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista20/textos/05_Idea_pirncipe_cristiano2.pdf ).
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CENTVRIA JII.
EMBLEMA 7*.
El relox í^t4ecí de {ol, poco ¡iprouec ha I En c^uanto de [¡tí rayos »o le embia I Suluíj,qenelntmontdando derecha, f Señalara las horas por el día;
TaJ?r en aqutjla'vid.i,el quede fecha Lafanta tnjptraciors.j no fe j^:*ia Por el Sol'i/erdadcro dejujliaa DexnrUha alafumbra fu ntalic/a.
Sebastián de Covarruvias en el Emblema III, 74 escribe:
“El reloj que es de sol, poco aprovecha/en cuanto de sus rayos no le envía/su luz, que en el nemón^^, dando derecha,/señalará las horas por el día./Y así en aquesta vida, el que desecha/la santa inspiración, y no se guía/por el sol verdadero de justicia/dejarle ha a la sombra su malicia Hernández Miñano*^ dice que “el platonismo entendía por el Sol o luz suprema la imagen de la suma belleza y el sumo bien, la idea de Dios, cuyos rayos representan las influencias celestiales percibidas por la tierra. Y también el Sol se identificó con Cristo, puesto que éste era rey y luz del mundo del mismo modo que el Sol lo era en el mundo físico y el simbolismo de la divinidad. . . San Isidoro señala que en el reloj de sol leemos las horas (horas legere), es decir, las comprobamos”.
Al respecto también de este emblema, Sandra Peñasco*^ comenta que “El caso del reloj solar es algo más complejo y la presente glosa lo explica a la perfección. En tanto que la luz del sol simboliza la vida otorgada por este en figuración de Dios, tiene su utilidad o vida limitada a sus designios”. Reyes Escalera Pérez*^, recoge un jeroglífico por la muerte de Isabel de Borbón en el que unos ángeles impiden con sus alas que la luz solar llegue a un reloj de este tipo que se encuentra al lado de una figura de la Reina, a la que invitan a subir al cielo (p. 440).
nemón: dice Covarrubias: “El demostrador, hierro o estilo que en los relojes de sol señala las horas con la sombra”. El Diccionario de Autoridades, por su parte, recordará que la usaba Covarrubias pero que ya no se emplea pues se dice “gnomon” (Tes. y Auts.)
Hernández Miñano, Juan de Dios. (2015). Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias: Iconografía y doctrina de la Contrarreforma; Univ. Murcia, p. 625. Muchos libros de literatura emblemática española han sido recuperados digitalmente en https://www.bidiso.es/cicyt/ . Véase el texto en https://www.bidiso.es/EmblematicaHispanica/FindDigitizedEmblemPage.do?action=Open&startIndex=l &count= 1 &first=0&author=COV ARRUBIAS+HOROZCO%2c+Sebasti%e 1 n&briefTitle=Emblemas+m orales+de+Sebasti%eln+de+Covarrubias&startlndexEmblem=274í&startIndexPage=l .
Peñasco González, Sandra. (2015). Edición filológica y estudio de Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias Orozco (1610); tesis doctoral, Univ. La Coruña, 2015, p. 699. ( Recuperado el 22/05/2018 de http://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/19481 ).
Escalera Pérez, R. (1996). “La emblemática española en las decoraciones efímeras de los túmulos granadinos de los siglos XVII y XVIIF, Literatura emblemática hispánica: actas del I Simposio Internacional. Coord. Sagrario López Poza, Universidade da Coruña, A Coruña, pp. 429-445.
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Emblema 42, II Centuria
PONDERE LEVIOR^®®
Y en el Emblema II, 42 escribe Covarruvias: ‘‘Anda el relox de pesas mas ligero,/ Quando ellas son mas granes y pesadas,/ El hombre quanto mas grane y entero,/Tanto mas assegnra sns pisadas, /Agil, firme, constante, y verdadero,/ Señalando sns horas compassadas,/ Enfin es vn relox, tan regalado,/ Qne tarde, o nnnca está desconcertado
Sobre las alas en los relojes, señala Panofsky*"^ que a partir del XV, empiezan a aparecer sobre los mismos para reforzar la idea del paso del tiempo. Hernández Miñano escribe que “con criterios conceptuales y filosóficos apuntados por Gombrich, podríamos hablar de una simbolización del reloj relativa a toda actividad incesante capaz de superar toda eventualidad, como un juez justo y equitativo. De ahí que el reloj también adorne la personificación del Jnez o la Jnsticia en la Iconología de Ripa” ( Op. cit., p. 335-6).
Sobre este emblema, la profesora Sandra Peñasco recuerda que “Saavedra Fajardo en su empresa 57 llama la atención acerca del silencioso mecanismo de engranajes que trabaja como acompañante inexcusable de las manillas, simbolizando unos, a los consejeros y otras, al príncipe. Los relojes alados, de arena o mecánicos, suelen significar el paso ligero del tiempo o de la vida, por lo que son cuerpo de jeroglíficos en túmulos y exequias con frecuencia, por ejemplo, en las de Felipe IV en la iglesia de Santiago de los Españoles de Roma (1665). . . En el emblema que nos ocupa, Covarrubias se aleja de estos significados habituales a través de la imagen del reloj de pesas con alas. Las pesas y las alas aparecen como aparentes opuestos, ya que las primeras nos hacen pensar en la lentitud y las segundas en la velocidad. Sin embargo, estamos ante una conjunción muy similar a la del archiconocido “Festina lente” o “Semper festina tarde”, en la que el ancla y el delfín se unian, ya en época de Vespasiano (ER. adag. 1001), para significar que es mejor andar con precaución y tino para alcanzar ágilmente un objetivo” (p. 435).
Señala Arnulfo Herrera (1996) que “los relojes poéticos también tenian posibilidades de encaminar la construcción de sus versos a lo divino. Los autores se concentraban en alguna de las frases latinas que, como si fueran los motes de un
Panofsky, E.; Estudios sobre iconología; edic. de B. Fernández,; Madrid, Alianza Universidad, 1971,
p. 106.
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emblema, solían traer los relojes en su meridiana, por ejemplo, Haec fortasse tua (ésta es quizá tu última hora) y terminaban su desarrollo argumental en un tema propio de salmos bíblicos, al estilo del soneto atribuido a Miguel de Guevara: Levántame, Señor, que estoy caído. 85), o como despertador del alma. El hermano de Sebastián, Juan de Horozco y Covarrubias, escribió en sus Emblemas morales (Segovia, Juan de la Cuesta, 1589), el siguiente texto:
El tiempo vuela como el pensamiento, huye la vida sin parar un punto, todo está en un continuo movimiento, el nacer del morir está tan junto: que de vida segura no hay momento y aún el que vive ya es difunto pues como vela ardiendo se deshace comenzando a morir desde que nace.
Comenta Horozco que: “Pone un ejemplo admirable del relox, que como agora se haze de arena, se solia hazer de agua, y se llamava Clepsydra, donde cayendo el agua gota a gota se señalavan las horas, y aunque la postrera gota acabó la hora, no fue ella sola, sino todas las que antes cayeron, desde la primera, que tanta parte como ella tiene en el fin, que desde su principio comenzó. Y conforme a esto tiene mucha razón el Séneca en lo que antes avia dicho, que cada día morimos, y cada día se nos va quitando parte de la vida” (lib. II, fol. 18r.)
Como señala Euis Vives-Ferrándiz, aqui el autor “vincula la idea del quotidie morimur con la vela y el reloj de arena ya que ambos son una metáfora adecuada para equipararlos con la idea del progresivo morir que la frase lleva asociada. Horozco se detiene precisamente en el reloj para explicar que el primer grano de arena, o la primera gota de agua, contribuyen a esa cuenta atrás: esa primera gota o grano de agua arena ya contiene la muerte. A medida que el hombre crece, su vida decrece, pues el último grano que cae no es el que concluye el proceso sino todos los anteriores, desde el primero, contribuyeron a esa cuenta atrás.
Otras muestras son los Emblemas morales de Juan de Borja^®, el Relox con despertador de Juan de Rojas^^, el Despertador christiano de sermones doctrinales
Vives-Ferrándiz Sánchez, Luis. (2011). Vanitas. Retórica visual de la mirada; Madrid, Ediciones Encuentro, p. 130.
Borja, en su empresa “a supremo dirigatur” compara el reloj de pesas y su necesario mecanismo concertado, con el buen gobierno en la República; incluye en esta empresa al sol, con el que debe estar concertado el reloj: metafóricamente, el buen gobierno deberá seguir a este sol, al que Borja alude como el “Sol de Justicia, que es nuestro Dios”. Si alargamos este simbolismo, podemos ver la identificación del rey con Dios en este Sol de Justicia, algo indudablemente cercano en la mente de los contemporáneos. Al margen de tan complejo simbolismo, no conviene olvidar que el reloj — en especial el de arena — siempre tiene un sentido vinculado a la muerte por significar el rápido paso del tiempo, simbolismo que también es conocido en la Nueva España desde el XVI”. (Juan de Borja, Empresas morales, ed. e introd. de Carmen Bravo-Villasante (Madrid: Fundación Universitaria Española, 1981). Véase también M^.José Cuesta García, “La mano del monarca grande de las Españas. . .”. Univ. Castilla la Mancha, 2016 ( Recuperado el 15/6/2017 de https://docplayer.es/80343097-En-cedula-real-del-15-de-julio-de-1683- carlos-iil-manda-que-se-haga-y.html ).
Señala Diego González Ruiz que “es en la literatura ascética y mística donde se centra el grueso de la producción del Maestro Juan de Rojas. De sus comienzos (1668) data su librito Relox con despertador. A pesar de que el Relox aparece en todos los repertorios bibliográficos desde Nicolás Antonio, no hemos
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sobre particvlares assvmptos", de J. Barcia y Zambrana, tres tomos (1677-1684), que influyeron de manera decisiva en la oratoria sagrada posterior. En América el caso más típico es el célebre políptico de Tepozotlán, donde vemos algunas décimas de Tomás Cayetano de Ochoa^^ que dieen: Relox es la vida humana / (hombre mortal) y te avisa / que su volante va aprisa /y muerte a el dar la Campana:/ de Lachesis la inhumana hoz, le sirve de puntero: 7 Atropos es Relojero. / Cloto el Compaz encamina; /y la Rueda Catarina, / de este singular Relox, / Ya llega a el diente postrero. / Con horas, medias, e instantes, / quartos, minutos no errantes,/ la muestra la tiene Dios. / Cote] áralo su voz/ soberana, Justa, y cuerda, /para que nada pierda / del tuyo a la nuestra suya; /y si por desgracia tuya,/ (ay de ti!) si no concuerda / todo la muerte severa /arruina, tala y destruye, / nada de sus manos huye, /porque todo esfuerza muera: / O naturaleza fiera! / O pensión dura ¡ O heredad!. /Relox, que en velocidad/ excedes a el mismo viento; /y en el tiempo de un momento / das passo a la eternidad!
Fragmento del políptico de Tepozotlán
En esta obra se presentan varias pinturas de lo efímero de la vida y la presteza de la muerte. En una de las láminas vemos a un saeerdote sentado que se mira en un espejo que refleja su rostro descarnado. Ea belleza del Políptico y los versos que lo acompañan
podido ver ni localizar ningún ejemplar de las dos primeras impresiones. Su impresión aparece «corregida y aumentada» en el ejemplar de La Torre de David con el Relox de la muerte (Madrid, 1683). Curiosamente era ya muy difícil de ver en tiempos de Rojas, quien escribe al respecto en el prólogo al lector de esta última obra que «fue tan corto el volumen, y se ha gastado tanto, que aviéndose hecho dos copiosíssimas impressiones, ya no parece, ni le hallan los que con mucho cuidado le buscan: lo uno, porque se acabó en las Librerías; y lo otro, porque los que le compraron, usando dél como alhaja propia, le traen oculto, y escondido en las faldriqueras, con que viene a ser para sí solos. . . Sucede a este librito lo que a las muestras, y reloxes pequeños, que andan escondidos, y sólo a sus dueños son de servicio. . .».
( Diego G. Ruiz, Estudio y edición de Representaciones de la verdad vestida, místicas, morales y alegóricas, de Fray Juan de Rojas; tesis doctoral, 2014. Recuperado el 2/9/2017 de https://core.ac.uk/download/pdf/61914414.pdf )
Cfr. Tomás C. de Ochoa, Relox en modo de despertador, para el alma dormida en la culpa, señalándole las doce horas de su ser, para el arreglamiento a la perfección, en vista del poder inmenso de Dios: su naturaleza divina y humana, su soberanía y nuestra miseria...; México, Cristóbal de Zúñiga y Ontiveros, 1761.
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son realmente sorprendentes. El rostro de la bella joven enjoyada tiene este lapidario recuerdo:
Aprended vivos de mí Lo que va de ayer a hoy Ayer como me ves fui.
El relox como despertador admonitorio perdurará incluso hasta el siglo XIX.
A. Herrera recoge un texto muy desgastado y de mala factura de Manuel de Quirós, donde apreciamos ya lo agotado que estaba el tema en esta época: ‘'ESTE despertador que vigilante / RELOX se ve que el tiempo te apresura/ DECLARANDO que toda la hermosura / NUESTRA será ceniza en un instante./ BREVE le acaba el esplendor brillante/ VIDA que el hombre eternizar procura/ ARREGLADA a una hedionda sepultura/ DE toda corrupción bien abundante./ LOS deleites mundanos dan la herida/ HOMBRES en toda clase de inquietudes/LAS pasiones aparta en tu partida,/ VIRTUDES acopiando en amplitudes/Este relox de nuestra breve vida/ Arregla de los hombres las virtudes”, donde los dos últimos versos representan la inscripción de la meridiana” (p. 98).
Ill.h.- El reloj en la pintura barroca española
La relación del reloj con la pintura española del Barroco es muy amplia y conocida^^. Los relojes serán una constante en la “vanitas” española, siendo el reloj más pintado dentro del arte barroco el de tipo “candil”, inventado en París por la familia Raillard. Los Raillard eran una familia de relojeros parisinos pertenecientes a los siglos XVII y XVIII. De los tres relojeros Raillard más importantes conocidos, Claude será el mejor relojero de su tiempo en París y es posible que fuera quien realizase el primer reloj de candil, y también en 1630 el primer reloj de bolsillo. Pero al margen de los tipos de relojes que incluían las vanitas, deberíamos preguntamos: ¿por qué surgió con tanta fuerza este género? Surge para mostrar lo perecedero de la materia viva.
El propio Velázquez pintó un reloj en la mesa del cuadro Su majestad, Eelipe IV. Un crítico como Jesús Hernández Perera^° lo ha estudiado detenidamente y a él remitimos, pero no queremos dejar de reseñar algunos ejemplos concretos de la vanitas barroca, donde están muy presentes los relojes mecánicos. Son los de Antonio de Pereda
Montañés, Luis. (1975). «Bodegones con relojes en el siglo del Barroco», en La máquina de las Horas, Madrid, Eds. Isla, pp. 143-152.
Hernández Perera, J. (1958). La pintura española y el reloj. Madrid, R. Carbonell. Véase también Veca, Alberto. (1981). Vanitas: il simbolismo del tempo. Gallería Lorenzzeni. Bergamo. El cuadro de arriba lo describe así H. Perera: “Sobre la mesa de la izquierda, en cuyas maderas está escrito NIL OMNE, un reloj de arena con soporte de balaustres y tapa taraceada; en el bufete, cubierto de terciopelo rojo, un magnífico reloj astronómico de sobremesa, torreado y con tres esferas. La mayor lleva en números romanos las 24 horas. Marca precisamente con su sola aguja las dos de la tarde. Elanquean el prisma cuadrangular esbeltas pilastras, con decoración cincelada y grabada, y en lo alto, dentro de balaustrada con pirámides terminadas en bolas, un airoso chapitel de cuatro cuerpos, cada uno con su respectivo antepecho de balaustres, al que remata una pirámide hueca con jarroncito. Museo de Historia del Arte, Viena”. (pp. 140-1)
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titulados Vanitas (2 cuadros) y El sueño del caballero (aunque este último hoy se le atribuye con más seguridad a Francisco de Palacios).
A. de Pereda, Vanitas (Florencia). 1670
El primero, fechado en torno a 1635, es una antología del tiempo barroco: libros, arcabuz, armadura, y clepsidra se hacinan sobre una mesa donde hay varias calaveras y unos naipes - precisamente bastos - que dan cobijo a un velón apagado; en otra mesa, un reloj astronómico, los retratos en miniatura, el camafeo de Carlos V, la medalla de Augusto, la escarcela con las perlas, las monedas y otros naipes - ahora espadas - que se esparcen. Contemplando el cuadro en su conjunto, la certeza de la Vanitas es total: un tiempo que se apaga, un Emperador que fue más que Augusto, que dominó todo el orbe y que el tiempo midió su gloria.
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Señala J. Hernández (1958), que vemos a un “ángel que ahora muestra esparcidas las riquezas, la espléndida armadura, la valiosa escopeta decorada con taraceas, los naipes, las monedas, los retratos femeninos, el esenciero de perfumes, el globo del mundo coronado por un camafeo del César Carlos en cuyos dominios no se ponía el sol. Y junto a cinco calaveras y el candelabro chorreando cera, el lema implacable: Nil onme, - todo es nada El reloj es aquí doble: uno de arena, al lado de un cráneo descarnado, pobre y anticuado recurso para medir el tiempo que pasa; el otro, a la derecha, riquísima pieza astronómica que, con su chapitel cónico de templetes escalonados y perillas, con su mecanismo complicado y su decoración grabada y cincelada, reúne las dos ideas contrapuestas en una sola ecuación maestra: la riqueza y la fugacidad, la vanidad convertida en drama” (p. 30).
El sueño del caballero, de F. de Palacios.
En el segundo cuadro. Palacios^* sigue el estilo propio de la "vanitas" para realizar una de las más complejas y ricas composiciones sobre el mismo. El lienzo, que también se conoce como el Desengaño del Mundo, presenta a un joven y apuesto caballero, ricamente ataviado, que se ha quedado dormido y presumiblemente sueña con las glorias y miserias que se presentan sobre la mesa. Ea idea engarza con el tema de "la vida es sueño" y nos da a entender que la carrera de este joven no es más que un mero sueño sin sentido real. Eos símbolos de la mesa son muy complejos, pero destacan algunos por su presencia continua en todas las "vanitas": la calavera que simboliza la muerte, la máscara de teatro sobre la hipocresía, las joyas y el dinero que son las riquezas que no podemos llevar al otro mundo, la baraja y las armas como el juego y los placeres de la caza, el reloj que indica el paso inexorable del tiempo, la vela apagada que indica la expiración de la vida... son innumerables los objetos y los múltiples significados engarzados que podemos entresacar de todos ellos.
La primera atribución de esta obra a Pereda la hizo Elias Tormo en 1919. No será hasta 1987 cuando Pérez Sánchez comience a insinuar que se trata, en realidad, de una obra de Palacios. Cfr. Juárez Díaz, A. (2013-14). “El ángel admonitorio en las pinturas de vanidades del Siglo de Oro”, Girona, Universidad, p. 26 (Recuperado el 25/4/2018 de https://dugi-doc.udg.edu/handle/10256/10051 )
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Otros ejemplos serían los euadros de Valdés Leal, La Alegoría de la Vanidad/Salvación (1660), con un reloj de bolsillo abierto, con cadena, esfera grabada y números romanos en corona circular, y entre la calavera y la vela diversos libros; de Francisco Velázquez Vaca, la Vanitas (1639), con un reloj de arena sobre la mesa; de Andrés Deleito, sus Vanidades, donde sobre la mesa vemos un reloj prismático con esferas en dos de sus fachadas, la frontal con números romanos, etc. En cuanto a la pintura hagiográfica, las que representan a San Jerónimo^^ son las que con mayor relieve muestran el tema del reloj. El propio Greco tiene un San Jerónimo penitente, quien además del crucifijo, la calavera, la biblia y el león, está acompañado por un reloj de arena (Cfr. J. Antonio Gaya Ñuño; La pintura española fuera de España', Madrid, 1958, p. 198 ). El escenario principal del santo no suele ser en la caverna penitencial sino en su celda, siendo Alberto Durero quien estableció la estampa decisiva en 1514, con su reloj de arena (véase debajo). En general, los pintores españoles no recogieron en sus cuadros religiosos más que relojes de arena, el símbolo más adecuado a la cadencia temporal de la época, aunque como dice J. Hernández, “no parece haber llegado el reloj a ser distintivo caracteristico en la iconografía sacra española” (1958, p. 3).
Martínez Burgos García, P. (1989). “Ut pictura natura; la imagen plástica del Santo Ermitaño en la literatura espiritual del siglo XYl”, Norba-arte, IX, pp. 15-27. Este mismo autor profundiza en el tema de los «modus orandi» en el libro Idolos e imágenes. La Controversia del arte religioso en el siglo XVI español. Salamanca, 1990.
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IV.- El reloj en otras épocas y países
En resumen, los escritores de todos los tiempos han elegido al reloj como símbolo reiterado en sus creaciones literarias. Ya sea representado al tiempo, a la vida o a la muerte, los relojes se pueden descubrir acompañando a numerosos personajes o siendo ellos mismos protagonistas de muchas historias. Literatura y tiempo, poesía y reloj forman un tándem inseparable en las letras universales.
En la historia literaria son múltiples las referencias al reloj como tema poético. Sólo reseñaremos algunas de las más importantes. Empezaremos con el italiano Tommaso Stigliani (1573-1651) y su Orologio da polvere (Rime, 1601. Diversas variantes aparecen en la edic. de 1605 que empieza “ Questa in due verri imprigionara arena”):
Questa in cavo cristallo accollta arena che l'hore addita e lafugace etade, mentre ogni hor giü, quasifilata, cade rápidamente per angusta vena,
era un tempo Aristeo, ch'amó Tirreno,
Tirreno, che comm' angelo in beltade, cosí parve in orgolio, o 'n crudeltade Libica serpe, ofera tigre Armena.
Amolla, e n 'era il misero deluso, finché dalTaspro incendio addutto a norte, disfessi in polve e fu da lei qui chiuso.
Oh crudel degli amanti e strania sorte!
Servan l'arse reliquie anco il prim'uso: travagliar vive, e non riposan morte.
Citaremos al también italiano Ciro di Pers (1599-1663), quien tiene varios sonetos al tema de los relojes^^. He aquí uno al reloj de arena, cuyo último terceto
Orologio da rote ( Reloj mecánico)
Motile ordigno di dentóte rote lacera il giorno e lo divide in ore, ed ha scritto difuor confosche note a chi legger le sa: SEMPRE SI MORE.
Mentre il metallo cóncavo percuote, voce funesta mi risuona al core; né delfato spiegar meglio si puote che con voce di tronzo il rio tenore.
Perch'io non speri mai riposo o pace, questo, che semtra in un timpano e tromta, mi sfida ognor contro all’etá vorace.
E con que' colpi, onde il metal rimtomta, affretta il corso al secolo fugace, e perché s'apra, ognor picchia a la tomta.
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recuerda mucho al soneto de Quevedo^^ al mismo tema: Bien sé que soy aliento fugitivo;/ ya sé, ya temo, ya también espero / que he de ser polvo, como tú, si muero,/ y que soy vidro, como tú, si vivo (vv. 33-36).
Orologio da polvere
Poca polve inquieta, a l'onda, ai venti tolta nel lido e ’n vetro imprigionata, de la vita il cammin, breve giornata, vai misurando ai miseri viventi.
Orologio molesto, in muti accenti mi conti i danni de Veta passata, e de la Marte pallida e gelata numen i passi taciti e non lenti.
lo non ho da lasciar porpora ed oro: sol di travagli nel morir mi privo; finirá con la vita il mió martoro.
lo so ben che 7 mió spirto éfuggitivo; che saró come tu, polve, s ’io moro, e che son come tu, vetro, s 'io vivo.
A finales del Barroco, un poeta portugués como fue Francisco de Pina e de Melo^^, compuso un soneto a un motivo ya clásico: las cenizas de su amada, titulado “Mandou Fabio fazer um relógio das cinzas da sua dama”, que dice:
''Esse impuro instrumento fabricado,/dos despojos mortais de humano lírio,/¿que muito ordene o tempo ao meu delírio/de se forma do horror de meu cuidado? // Esse artefacto, pois, da dor formado/ e urna infausta, é trágico colírio,/pois guardando os objectos do martírio/tem os olhos das ansias inflamado. //Acha contado alivio o sentimento,/no passo triste, na fatal medida,/ que a bala a cinza em pronto movimento;// pois em seu curso a ideia suspendida,/cuida que é este impulso algum alentó, /que os principios dispoem de nova vida ”
Dando un salto en el tiempo y espacio, y viajando al siglo XIX, tenemos la figura de Felipe Jacinto Sala, nacido en Barcelona, que escribió diversas fábulas
(Recuperado www.luzappy.eu/poesia%20meravigliosa/altri%20poeti.doc ). Cfr. Vitanello Bonito (ed.) (1996). Le parole e le ore. Gli orologi barocochi : antología del Seicento. Palermo, Sellerio y del mismo autor L’occhio del tempo. L’orologio barocco tra letteratura, scienza, ed emblemática ( Bologna, Universitá di Bologna, 1995). Véase también sobre poemas italianos Gérard Genot, “Chiffre defuites - mécanique d’un symbole haroque”; en Actes des joumées intemationales d'études du Baroque, 1973 ( Recuperado ... https://journals.openedition.org/baroque/398 )
Bonito, V., «Intertestualitá barocche: Quevedo e Ciro di Pers», Rivista di letterature moderne e compárate, 3, 1992, pp. 231-44.
Francisco de Pina e de Meló, Ai nmflí t/e Franc/ico í/e P/no .. . Lisboa, 1727, F parte, p. 97.
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morales y poemas, y en sus "Fábulas religiosas y morales en verso castellano y en variedad de metros" (1865) tiene el poema "El cuadrante solar"(fábula LXXX) que dice:
• Papá, me decía Enrique:
Preguntaba la hora ayer A ese cuadrante solar Que han trazado en la pared;
Y él, intérprete del tiempo.
Contestó de un modo fiel;
Pero al cabo de un instante Se lo pregunté también,
Y con semblante sombrío Entonces, no sé por qué.
Se burló de mis deseos Con obstinada mudez.
¿A qué vino tal mudanza?
— Enrique, te lo diré;
La luz del sol alumbraba Ese Reloj de pared.
Cuando tú le interrogaste Ayer, por primera vez,
Y útil, exacto le viste.
Ludiendo asi comprender.
Que en él la verdad brillaba Con toda su esplendidez.
Mas una nube cubría
Los rayos del sol después;
Y esclavo de aquella nube.
El Reloj de la pared.
Mudo para la verdad.
No te pudo responder.
Ese Reloj es el alma;
La luz del sol es la Ee;
Si su purísima llama Ilumina nuestro ser.
Con la verdad en el labio.
Caminamos hacia el bien;
Mas, si entre la Eé y el alma Se nos viene á interponer La ciega duda, vivimos En horrible lobreguez;
Y solo somos dichosos,
Enrique, cuando después El viento de la esperanza Rasga esa nube cruel.
Juan Eugenio Hartzenbusch, en sus "Eábulas" (1843), tercer libro, tiene un poema titulado “El reloj de Sol
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• Un reloj de sol hicieron los indios allá de Quito: parecióles tan bonito, que un tejado le pusieron.
De lluvia lo guarecieron; pero el Sol ya no le dio: sin él de nada sirvió.
No sirve una ley madura por alguna añadidura que un celo tonto inspiró
Tomás de Marte (1750-1791)
También Tomás de Iriarte tiene una fábula en la que “los que piensan que con citar una autoridad, buena o mala, quedan disculpados de cualquier yerro, no advierten que la verdad no puede ser más de una, aunque las opiniones sean muchas”. Se titula “La discordia de los relojes” y dice asi:
Convidados estaban a un banquete diferentes amigos, y uno de ellos, que, faltando a la hora señalada, llegó después de todos, pretendía disculpar su tardanza. «¿ Qué disculpa nos podrás alegar?» -le replicaron-.
El sacó su reloj, mostróle y dijo:
«¿No ven ustedes cómo vengo a tiempo?
Las dos en punto son». «¡Qué disparate!
-le respondieron-, tu reloj atrasa
más de tres cuartos de hora». «Pero, amigos
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-exclamaba el tardío convidado-,
¿qué más puedo yo hacer que dar el texto?
Aquí está mi reloj...» Note el curioso que era este señor mío como algunos que un absurdo cometen y se excusan con la primera autoridad que encuentran.
Pues, como iba diciendo de mi cuento, todos los circunstantes empezaron a sacar sus relojes en apoyo de la verdad. Entonces, advirtieron que uno tenía el cuarto, otro la media, otro las dos y veinte y seis minutos, éste catorce más, aquél diez menos.
No hubo dos que conformes estuvieran.
En fin, todo era dudas y cuestiones.
Pero a la Astronomía cabalmente era el amo de casa aficionado; y consultando luego su infalible, arreglado a una exacta meridiana, halló que eran las tres y dos minutos, con lo cual puso fin a la contienda, y concluyó diciendo: «Caballeros: si contra la verdad piensan que vale citar autoridades y opiniones, para todo las hay; mas, por fortuna, ellas pueden ser muchas, y ella es una».
En el mundo literario el reloj siempre ha sido una forma de materializar el tiempo, una forma de atraparlo. Por eso, Mario Benedetti termina su poema “Un reloj con números romanos” diciendo aquello de “en mi reloj de números romanos las agujas siguen marcando las once y cuarto, igual que hace diez años ”. Un reloj parado como metáfora de un tiempo que se quiere retener; un reloj en marcha como símil literario de una vida que se quiere vivir. Y así, volvía Benedetti a mirar su reloj, esta vez para afirmar que “cinco minutos bastan para soñar toda una vida, asi de relativo es el tiempo”.
En toda la obra de Borges el tiempo está presente de una u otra forma. En su poema “Reloj de arena”^^ utiliza imágenes que nos permiten ver el paso del tiempo a través de un artilugio de esas características:
Dice así el texto de Borges al completo: “Está bien que se mida con la dura /Sombra que una columna en el estío /Arroja o con el agua de aquel río /En que Eleráclito vio nuestra locura / El tiempo, ya que al tiempo y al destino / se parecen los dos: la imponderable / Sombra diurna y el curso irrevocable / Del agua que prosigue su camino. / Está bien, pero el tiempo en los desiertos / Otra substancia halló, suave y pesada, / Que parece haber sido imaginada / Para medir el tiempo de los muertos. / Surge así el alegórico instrumento / De los grabados de los diccionarios, /La pieza que los grises anticuarios / Relegarán al mundo ceniciento / Del alfü desparejo, de la espada / Inerme, del borroso telescopio, /Del sándalo mordido por el opio /Del polvo, del azar y de la nada. / ¿ Quién no se ha demorado ante el severo / Y tétrico instrumento que acompaña / En la diestra del dios a la guadaña / Y cuyas líneas repitió Durero? / Por el ápice abierto el cono inverso / Deja caer la cautelosa arena, / Oro gradual que se desprende y llena / El cóncavo cristal de su universo. /Hay un agrado en observar la arcana / Arena que
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... “Hay un agrado en observar la arcana Arena que resbala y que declina Y, a punto de caer, se arremolina Con una prisa que es del todo humana ”...
Antonio Machado en su poema “Daba el reloj las doce. . .y eran doce” meneiona al reloj de agua:
“Daba el reloj las doce... y eran doce golpes de azada en tierra...
- ¡Mi hora! ...-grité. El silencio me respondió: -No temas; tú no verás caer la última gota que en la clepsidra tiembla.
Dormirás muchas horas todavía sobre la orilla vieja, y encontrarás una mañana pura amarrada tu barca a otra ribera ”.
resbala y que declina /Y, a punto de caer, se arremolina / Con una prisa que es del todo humana. / La arena de los ciclos es la misma / E infinita es la historia de la arena; /Así, bajo tus dichas o tu pena, / La invulnerable eternidad se abisma. / No se detiene nunca la caída / Yo me desangro, no el cristal. El rito / De decantar la arena es infinito / Y con la arena se nos va la vida. /En los minutos de la arena creo /Sentir el tiempo cósmico: la historia / Que encierra en sus espejos la memoria / O que ha disuelto el mágico Leteo. /El pilar de humo y el pilar de fuego, /Cartago y Roma y su apretada guerra, /Simón Mago, los siete pies de tierra/ Que el rey sajón ofrece al rey noruego, / Todo lo arrastra y pierde este incansable / Hilo sutil de arena numerosa. /No he de salvarme yo, fortuita cosa /De tiempo, que es materia deleznable”. («El hacedor». Obras Completas, Buenos Aires, Emecé, 1989, vol. II, pág. 189).
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“Daba el reloj las doce...
También F. García Lorca tiene poemas donde aparecen los relojes {Obras completas, vol. I, Edit. Aguilar, p. 669). Dos muestras:
La selva de los relojes
Entré en la selva De los relojes.
Frondas de tic-tac,
Racimos de campanas Y, bajo la hora múltiple,
Constelaciones de péndulos.
Los lirios negros De las horas muertas,
Los lirios negros De las horas niñas.
¡Todo igual ¡
¿ Y el oro del amor?
Hay una hora tan solo ¡Una hora tan solo¡
¡La hora fría ¡
Él
La verdadera esfinge Es el reloj.
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Edipo nacerá de una pupila. Limita al Norte Con el espejo Y al Sur Con el gato.
Doña Luna es una Venus.
(Esfera sin sabor)
Los relojes nos traen Los inviernos.
( Golondrinas hieráticas emigran el verano )
La madrugada tiene Un pleamar de relojes.
El reloj ha sido siempre fuente de inquietud, cuyo tic-tac suena a “carpe diem” horaciano ("‘Horloge! Dieu sinistre, ejfrayant, impasible,/ Dont le doigt nous menace et nous dit: Souvient-toi!”, en palabras de Baudelaire), y que Jorge Guillén - refiriéndose al de arena - expresa así en su poema titulado “Sin lamento”:
Oigo crujir una arena.
¿Es aquí? Nadie la pisa.
En el minuto resuena.
-¡Cuánta playa nunca lisal- Mucho tiempo: va despacio.
¿Por qué fluctúa reacio,
Hostil a su movimiento ?
Lenta la hora, ya es todo Breve. ¡Bah! Por más que el codo Cavile, no, no hay lamento.
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El poeta chileno Oscar Hahn escribe un bello soneto equiparando reloj y libro y a sus respectivos actantes líricos. Este poema final es un acto de conmiseración al lector, condenado a desvanecerse al mismo tiempo que el poemario se cierra sobre sí mismo:
Desdichado lector tuya es la mano que puso en marcha este reloj de arena: las sílabas ya caen grano a grano allá abajo palpita tu condena.
Estas líneas que miras ahora mismo son columnas de arena vertical: vas con ellas fluyendo hacia el abismo vas goteando hacia el fondo del cristal.
Ay cómo entre los versos te deslizas mira cuán bajo has descendido ya de peldaño en peldaño viento pisas:
casi vacío el otro vaso está.
Se te acaba la arena: no hay demora Despídete lector: llegó tu hora.
Pablo Neruda también tiene una “Oda a un reloj en la noche” que comienza diciendo:
Cfr. Hahn, Oscar. (1992). “Estrellas fijas en un cielo blanco”, en Las cigarras; Madrid, Manifiesto ediciones, p. 1 16.
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En la noche, en tu mano brilló como luciérnaga mi reloj.
Oí
su cuerda:
como un susurro seco salía
de tu mano invisible.
Tu mano entonces volvió a mi pecho oscuro a recoger mi sueño y su latido.
El reloj
siguió cortando el tiempo con su pequeña sierra.
Como en un bosque caen
fragmentos de madera,
mínimas gotas, trozos
de ramajes o nidos,
sin que cambie el silencio,
sin que la fresca oscuridad termine,
así
siguió el reloj cortando desde tu mano invisible, tiempo, tiempo, y cayeron
minutos como hojas, fibras de tiempo roto, pequeñas plumas negras...
José María Valverde (1926-1996), poeta, ensayista, crítico literario, historiador de las ideas, traductor y catedrático español tiene un soneto titulado “ Reloj de pulsera”:
Ni al desnudarme suelto el leve yugo; sin reloj ya no sé dormir siquiera.
No tengo libertad, y vano fuera fingir dejar mi hierro y mi verdugo.
El me ata a los demás, al mundo activo: en la rueda en que engrano con la vida.
Si despierto en lo oscuro, su medida me guía a tierra fiera, me hace vivo.
Pero a la vez, con cuchicheo suave,
en secreto me insiste en el recado
de mi muerte y su cita: me recuerda
que me esperan allá, y que cuando acabe,
me escaparé yo solo por mi lado;
libre, entonces, no tendré que darle cuerda.
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Y para ir terminando, tenemos al escritor puertorriqueño Luis Palés Matos (1898-1957) con un excelente soneto al reloj:
Con una incontrastable isocronía canta el reloj las horas que transcurren, y cual gnomos, por su armazonería, como suspiros, rápidas, se escurren.
Quizá el tedio lo mata, y a porfía las dos agujas del reloj, se aburren, de estar marca que marca todo el día, arcano idioma que ellas no discurren.
Mirado desde lejos, tiene aspecto extraño y mitológico, de insecto que ve correr la vida, indiferente;
y el péndulo, una lengua centelleante,
hiperbólicamente jadeante
que se mofa del tiempo eternamente.
O el poeta Luis de Tapia, periodista español y destacado escritor satírico de la Segunda República, tiene 3 sonetos a diferentes tipos de relojes:
1. Reloj de arena
En la mano del tiempo eres un mito, la guadaña es tu eterna compañera, tu alma de polvo, en fórmula agorera, el trágico “Memento ” lleva escrito.
Aunque efímero y breve es tu circuito, giras sobre ti mismo de manera que el ocho cristalino de tu esfera, es el ocho, tal vez, del infinito.
Con descendente lentitud serena, en los cristales de tu doble panza bailan los granos de tu fina arena.
Y en los reposos de tu suave danza, cada grano caído es una pena, que fue, antes de caer, una esperanza.
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II. Reloj de sol
Adorno eres del muro del Concejo del árido poblado castellano; mancha de cal es tu cuadrante plano, tu saliente nariz, un hierro viejo.
Varillaje es de rayas, tu aparejo; signo de la hora, un número romano, eres manco, pues tienes una mano, y eres ciego, pues vives al rejlejo.
Pobre y escasa es tu ruin valía, marcas en vano cuando el sol despunta, y en vano marcas cuando muere el día.
La hora solar que tu nariz apunta, mira, sólo, un gañán que a mediodía, atraviesa la plaza con su yunta.
III. Reloj de sobremesa
Vives, muerto, tras límpidos fanales;
Reposas sobre el jaspe austero y serio de esas consolas que dejó el Imperio en las tranquilas posesiones Reales.
Son tus adornos ciervos y zagales ...
Todo tu ser es calma y es misterio...
Siglos llevas en regio cautiverio...
Tu reposo y quietud son funerales ...
Yo al ver tu quieta manecilla de oro y tu alma muerta, sin tic-tac sonoro, retrotrayendo tu probable hestoria,
tan solo le pregunto a mi memoria qué galante aventura habrá fijado la hora de enigma en que te vi parado.
(Sonetos tomados de "Parnaso Español contemporáneo" editado por José Brissa (Buenos Aires, 1914. Véase texto digital en https://relojesdesol.info/node/1160)
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Y para ir terminando, en el terreno de la prosa tenemos algunos ejemplos que destacar, como es el caso de La vuelta al mundo en ochenta días, donde Julio Verne menciona varios relojes. En este párrafo se pone de manifiesto el valor afectivo de algunos de ellos.
- ¿Las doce? ¡Vaya! ¡Si no son más que las nueve y cincuenta y dos minutos!
-Vuestro reloj atrasa- respondió Fix.
- ¡Mi reloj! ¡Un reloj de familia que procede de mi bisabuelo! No discrepa ni cinco minutos al año. ¡Es un verdadero cronómetro!
En la laberíntica y barroca novela Paradiso de José Eezama Eima, el genial autor de las letras cubanas nos presenta un sugerente juego, en el último capítulo, que llama «Cubilete de cuatro relojes» y que basa en cuatro poemas sobre relojes de arena, tres castellanos (de E. Eópez de Zárate, E. Sandoval y Zapata y Gabriel Bocángel) y uno francés (Charles Dalibray). Transcribimos ampliamente el pasaje del cubano, por su interés y relación estrecha con los 3 poetas analizados aquí:
...Entonces, Licario se decidió a presentar su “Cubilete de cuatro relojes ”. Comenzó mostrando en orden sucesivo cuatro sonetos con tema relojero, para que entresacasen dos versos sucesivos y se lo comunicasen, anotando previamente la hora y minutos en un papel escondido — escogido el tema por preferencia a un instante antologado, o aun tiempo cercano de inmediata referencia — y que él precisaría si la suerte obligada y concurrente se rendía favorable.
La esposa de Cochrane se fijó en el soneto de Francisco López de Zárate (1619-1651 ), Al que tenía un reloj con las cenizas de su amada por arena, y había entonado en cántico de sílabas los dos versos
... culto y reliquias restituye al templo, que de un color son todas las cenizas.
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Licario le otorgó las dos y cuarto nocherniegas. Traído el papelito juguetón, se comprobó el acierto de la primera prueba del juego. Los escogedores de este soneto de tema macabro y lunático son dados a señalar empinadas horas de medianoche. Se fijaba en la sílaba subrayada por los labios y el aliento de los dos versos, y Licario recobraba los minutos del señalamiento virtuosista. Ante la amenaza de los aplausos, el adivinador temporal amenazó con suspender las tres suertes restantes.
Había entresacado Jorge Cochrane el soneto de Luis Sandoval y Zapata (siglo XVII) con titulación “Un velón que era candil y reloj”, y había apuntado los versos:
... aquella diligencia, con que naces, influye en el estrago con que expiras
...La sobrina de Cochrane llevaba su prerrafaelismo hasta parecer que despreciaba el tiempo fijado en su reloj, pero queriéndolo acariciar en el soneto de Gabriel Bocángel (1608-1658), A un velón que era juntamente reloj, moralizando su forma, deslizaba por sus labios la vihuela de las eses amortiguando el cordaje de las erres:
. . . esta llama, que, al sol desvanecida más que llama parece mariposa.
...Ala hermana de Licario llegó la hora moralizante y senequista en el último soneto de la prueba relojera, con Charles Dalibray (1600-1653), “Sur une horloge de sable^^”; a los que ahí se insertaban, segundo cuadrante, se les comprendía de siesta a entrada del crepúsculo. En un francés de muchacha americana con cuatro años de Sacre Coeur, impulsó con gobernada elegancia las sílabas:
Jadis Damon je m 'appelais.
Que la divine grace. . .
Licario afirmó al instante del final del recitativo, cuatro y media de la tarde...
El argentino Julio Cortázar en su cuento '"Instrucciones para dar cuerda a un reloj'" lo considera más bien una carga y lo asocia a la muerte, constituye en realidad una verdadera reflexión sobre la temporalidad y la muerte:
Cette poussiére que tu vais,
Qui les heures compassé.
Et va recourant tant defois Par un petit espace :
Jadis Damon je m'appellois.
Que la divine grace De Phyllis pour qui je brulois,
A mis en celte place.
Le feu secret qui me rongea En cette poudre me changea Qui jamais ne repose ;
Apprends, Amant, que par le sort L'espérance t'est cióse De reposer mesme en ta morte.
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Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj ...Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo”
El tiempo es al reloj lo que la mente al cerebro. En cierto modo, el reloj contiene al tiempo y sin embargo el tiempo se niega a que lo embotellen como a un genio encerrado en una lámpara. Tanto si fluye cual la arena, como si gira sobre unas ruedas dentro de otras ruedas, el tiempo se escapa irremediablemente, mientras nosotros sólo sabemos observar. Incluso cuando las ampolletas de un reloj de arena se hacen añicos, cuando la oscuridad elimina la sombra del reloj de sol, cuando el muelle real de un reloj de pared baja tanto que las manecillas se quedan inmóviles como la muerte, el tiempo sigue pasando. Lo máximo que podemos esperar de un reloj es que señale ese avance. Y como el tiempo impone su propio ritmo al modo de un latido de corazón o una marea menguante, estos aparatos realmente no marcan el tiempo (cfr. Dava Sobel, Longitud, cap. 4)
También en la literatura fantástica, en especial para niños y jóvenes, los relojes son protagonistas. Lewis Carrol, en Alicia en el país de las maravillas, atrapa al Sombrerero loco y a la Liebre de marzo en una fiesta eterna en la que siempre son las seis de la tarde. J. K Rowling, en la saga de Harry Potter da vida a un giratiempo, que permitía regresar al pasado y crea una sala del tiempo en la que los relojes están hechizados^^.
Y en el terreno de la plástica, los relojes surrealistas o los relojes blandos y derretidos de Dalí, pero ésa es ya otra historia. . .
Textos digitales recuperados el 25/4/2018 de http://contarte.com.ar/especiales/simbolos-en-la- literatura-3ra-parte-los-relojes/
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La persistencia de la memoria (1931)
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Edición de los textos poéticos
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Juan Bautista Aguilar
Culpase a vista de un relox de agua, un profano amor, ocasionado de aver visto llorar a una hermosura^'^'^
Décimas
Del libro de tus Auroras,
Indice, aqueste se advierte, que está mostando tu muerte, en números de las horas:
humana hermosura adoras 5
idolatrando ciego,
que al olvido la dés luego
te dize un cristal, si Amor
en tu pecho vive a dos,
apague esta agua, esse fuego. 10
No ofrezcas disculpa alguna en lágrimas, ni te quadre que Venus, del amor madre, en el agua tuvo su cuna:
sea razón oportuna 15
para olvidar esse error, la que te ofrece el temor de una muerte, que te fragua esse cristal, muera en agua
si nado en agua, tu Amor. 20
gíSS«S5S!£-SÍS»IS5ft5*IS'<í'l&tM'.i.. S¿S»Sí*ÍSÍKÍ45ÍJÍ->iJ«.JÍSÍÍ. ’<*»:«% 3;I VARIAS, K»
ipH E R MOS AStl
si: F L o B, E S . O E L
«S PARNASO.
•¿SqVE en QVATRO FLOR!
••íi DOS,VlsrOSOSt¿V’ADKOS,tLAN-
£). ANTONIO HVRTADO D£ j]» JS*S MEVtÜOZt^iD.^VTO^ÍO D£ SOL IS-,
O.fñAttCISCODt í.4Tr}il¡H ntMliD. MOOMtOo SS
.4xrstr ténof , MAtTiM mena,
COGIOLAS LA CVKIOSJDAD ,Y RE- «5 Wm CCXi10AS,LAS PRUtNTA KL QVB las
IVNTO CVAIOSO, ;2g
5^ AL EXCELENTISSIMOfa
35S SEMüK D. PEDRO MANVEL, COLON •jS» JJÍS Po»fugaI,Cran AlBiirar.te,y Adetantadoina- mS SS y«‘l«t*»tndi«,D«quede Veraguas, Virrey,
3» yCapitan GeneraldelKcyn» ISm
¡¡1^ de Valencia, &c. ¡«5
*■ «rf,t
'.«i. *' «*■
Cfr. Varias Hermosas Flores del Parnaso...', vol. II, p. 103 (B. Nac.: R/1726 ). Miguel Herrero (1995), señala que “ los relojes de agua contenían una inevitable analogía con las lágrimas. El artilugio hidráulico sugería con poco esfuerzo imaginativo el llanto. ¿Iba a faltar un poeta que supiera desarrollar la metáfora en germen? Hacia 1680, don Juan Bautista Aguilar compuso dos décimas...” (p.73). Se trataba de un reloj de agua con esfera.
81
Aguirre del Pozo y Felices, Matías
101
Enigma:
R ijo a los hombres velando E n una prisión cautivo,
E lama sin voz; muerto, vivo,
O rdeno y ando rodando;
X arcias de hierros me alientan;
S oy galante sin pesar.
O ficio tengo de dar,
Y aun lo que doy, me lo cuentan.
NAVIDAD
DE ZARAGOZA
EN QVATRO NQJ^HEsT
DEDICADAS|ÍH|
lÁ PR/MERA, A Jusm k'iotétf Sutluts. La Dtn AntcHÍe JU
Vrritty fiiur it iAtf*n9. Ia ttrceré^ DtmPernAitd» Antonio^ SAyAStPtdrtfi, y ZsfátA, CsttéStn^dt fi MAgt{l4Í,yComijAru Gtneréltntl RáitAJtAr^ ¡9H^LAi¡MArts,AÜt» Antoni» PmlJkPomértLU- rsift PtrnAfide^,y Hertáis , VAramdt i;pHs "
. MAjorA{^9ÍtlC9nÍAdoitC9íHnitin4.yj ' StñtriodtCttia»»
COMPVESTA POR DON
MATIAS DE AGVIRRE^ o¿L POZO, Y FtLlZS^
CON LlCEíTC/jt,
ío i iragc.54i Por iuaa de Ybaf«D}aC..iAiIWAg^
EJ que rige , y íícoiprc da entre yerros a!eutado> de mi dií:urfo ke faesdoj qae e! Rclox folo fer¿.
Premiado fue de Amiota con agradable corteíla, otorgasdole el acici coj y clara>y díüinca mente com- prebende el enigma a la (Ignlfícació;pues dize » RIj O A LOS HOMBRES VELANDO. Habla con pro piedad, púes por el Rclox fe rigen ios hombres, divi^ diendo el tiempo con las huras , para diferentes cm* picos i y aísl c] tiene imperio , y govierno fubreno- ioiEos , pHcs fe obedecemospuDtuaIcs. Quando nes llama , cíizc que efiá velando, porque cambien a Ja noche da Jas horas con Ja mifma orden que en los dias.'masmejor razón fe puede deair, y es, que avien* dolé dado titulo de governador,que rlzcty govierna, precifTo era liamarledelveladoipueseTquegovíerBai üccapre Ha de eíiar cuidtdóio.y vigiJaDzr.
Se suele atribuir a don Matías de Aguirre del Pozo y Felices, hijo de don Matías Aguirre y Sebastián, aunque en el Catálogo Bibliográfico de don Cayetano De La Barrera y Letrado, aparece como obra del padre y el comentario de que por un error se atribuye al hijo. Apunta don Cayetano que se imprimió en 1634 (¿edición fantasma?), mientras que en otra fuente aparece que se publicó en 1654. El caso es que ambos son autores de poco renombre. Matías Aguirre del Pozo escribió su libro Navidad de Zaragoza (1654), donde refleja una velada literaria familiar, frecuente diversión del siglo XVII, donde se elogia el ingenio de los miembros de la familia. La señorita Aminta dice un enigma, en la Noche primera, y otros tratan de dar con la solución. Dice Aguirre: “ A todos causó novedad esta enigma y cuidado juntamente a los que habían de explicar su significación. Pensaron breve rato sobre sus versos. . .” El llamado Solardo aventuró, erróneamente, que se trataba del corazón; Marcelo dijo que el dinero, y Nerencio “habiendo discurrido con más espacio el enigma, consiguió el acierto diciendo:
El que rige y siempre da,
Entre hierros alentado.
De mi discurso he sacado
que el relox solo será” (folio 40 y ss.)
A continuación viene una amplia glosa de cada uno de los versos justificándolos y haciendo un comentario a propósito (como vemos en la imagen de arriba). (Recuperado el 12/1/2019 de http://bdh- rd.bne.es/viewer.vm?id=0000078056&page=l ). Cfr. la tesis doctoral de M'* Pilar Sánchez Laflla, Edición y estudios de la Navidad de Zaragoza (1654) de Matías de Aguirre; Zaragoza, Prensas de la Universidad, 2015 ( Recuperada el 15/1/2019 de
http://zaguan.unizar.es/record/31900/files/TUZ_0747_sanchez_edicion.pdf )
82
Anónimo
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A la conciencia, en metáfora del reloj. Décimas
Conciencia , reloj viviente ,
Que en el espíritu humano Fabricó con sabia mano Artífice omnipotente.
Pulso suena indeficiente,
Pues que sirve, bien oída ,
Esa máquina regida En su más tranquila calma ,
De despertador del alma
Y de muestra de la vida. 10
Tu artificio es singular.
Pues del tiempo dilatado ,
Más que el presente, el pasado Aciertas a señalar.
Para mí en particular Eue tu estructura precisa ;
Pues cuando, como va aprisa ,
En su curso no advertí ,
De las horas que perdí
La repetición me avisa. 20
Cuando del tiempo ligero Lo que ya viví repasan.
Aunque veo que te atrasas.
No hay reloj más verdadero.
Ríes me entonces severo Errores del albedrío ,
Mas fuera nuevo error mió Sobre tanto desacierto Achacarte el desconcierto.
Siendo mió el desvarío. 30